9.3.06

Happy slaping

Cámara en mano, en plan dogma; primer plano de un señor con cara de bobo; una voz en off que le dice: "sonríe, colega, que te estamos gravando"; el señor que obedece y sonríe... y un cholo aparece por detrás, coje carrerilla y le golpea la nuca con la mano abierta y con todas sus fuerzas. Un "plas!" que ya duele sólo de oirlo y el señor que desaparece del plano (quizá la colleja le ha pillado tanto por sorpresa que ha caido de boca al suelo, o quizá simplemente ha huído o perdido las gafas...). Se oyen carcajadas y termina la película.

Mi sobrino, al que llamaré Zoquete para preservar su verdadera identidad, tiene 12 años y cursa 1º de ESO, y presumía y me enseñaba estas imágenes que le había mandado un compañero y se quedaba sorprendido de que yo no me partíese de risa con ellas...
"Tengo más", dijo, y me enseñó otros videos con un argumento muy parecido. Algunos de ellos estaban protagonizados por cholos que se collejeaban entre ellos, pero otros lanzaban al estrellato a anónimos transeuntes o conserjes o profesores de literatura.
Y el Zoquete los encontraba supergraciosos.

Señores, dejen que les presente esta divertida moda, que, como cualquier moda que se precie, tiene un nombre muy fardón: el Happy Slaping, y que está arrasando entre los adolescentes del mundo:
Sí, sí, estos nuevos cinéfilos se dedican a coleccionar videos collejiles que se bajan de internet o se reenvían por móvil, videos que facilmente podríamos calificar de películas snuff softcore; aunque dentro del género también hay varios niveles de bestialidad: desde las collejas cordiales entre amigos en las que un tercer cholo pega una palmada para acentuar el efecto sonoro, a palizas de iniciación a bandas latinkingueñas... y a veces una cosa lleva a la otra y asesinan algún mendigo en un cajero automático de Pedralbes (recordemos la excusa que dieron esos jóvenes cineastas tras quemar viva una señora hace un par de meses: "se nos fue la mano, señoría, nosotros no queríamos llegar tan lejos").

Profesores y padres no quieren que se les haga responsables de la gilipollez de los jóvenes y afirman que los culpables de generar fascinación por la violencia son Torrente, Tarantino, los videojuegos y el Humor Amarillo.
La mayoría no parecen recordar que, antes de que se inventase la tele y los videojuegos, las primeras películas de la gran pantalla ya nos mostraban divertidas patadas, collejones y tortazos de la mano de gente tan prestigiosa como Chaplin o Lauren y Hardy.

El caso es que cada día hay más cholos y skins que descubren que ellos también pueden ser cineastas y, al igual que los programadores de Tele-5, ellos sólo dan lo que pide la audiencia.

Quizá la pregunta que deberíamos hacernos es ¿qué coño hace un zoquete de 12 años con un puto móvil?

Nota: un muy deficiente bajo.
(que lo que necesitan estos niños no es un japislapin en el móvil, sino un buen spanking en el culo)

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