22.3.06

Volver

Hay artistas como Pablo Picasso, Bob Dylan, Stanley Kubrik o Michael Winterbottom que tienen culo de mal asiento y, por mucho éxito que consigan haciendo algo, su siguiente paso es siempre en una dirección perpendicular, y sus carreras va de aquí para allá aparentemente sin rumbo y, si tienen talento, no dejan de sorprender y asombrar.
Pero Peeeedro Almodóvar no es de éstos. Él es más bien como Leonard Cohen o Woody Allen, que cualquier obra suya se reconoce a la legua y su talento no consiste en sorprender por los cambios de rumbo, sino por su capacidad de ser fiel a un estilo propio en el que no cesan de profundizar.
Y hay que tener un talento de tres pares de narices para hacer algo así sin aburrir.

Por otro lado, no sé como inventa sus historias el manchego de la peca, porque se pone a amontonar adulterios, asesinatos, incestos y enfermedades terminales degenerativas con la misma naturalidad y frescura que si estuviese cocinando un refrescante gazpacho...
Y a pesar de los ingredientes que usa, el tío sabe distanciarse del morbo y del cutrerío; y de vez en cuando incluso se permite burlarse de los reality shows y los programas televisivos que viven de las mismas pasiones que él pero a un nivel de serie B.
Y así va y nos cuenta una bonita historia de amor sin apareamientos: sólo amor maternal y amor fraternal y amor vecinal, que a veces tampoco es moco de pavo.

Qué cojones, aunque la cota de personajes transexuales sea inusitadamente baja por tratarse de una película de Almodóvar, no me negarán que este Volver es más de lo mismo, o sea: un peliculón.

Nota: notable.
(pero no me confundan Volver con Devolver, y oigan, a ver si también ojean nuestros cómics, que me cuesta creer que este improvisado bloguño reciba más visitas que ellos)

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