25.1.06

Humor Amarillo

Pongámonos serios por un momento y pensemos lo jodido que debe ser vivir en China, exótico país cuyos mandamases han conseguido la unión de lo peor del Comunismo con lo peor del Capitalismo, y cuyos habitantes trabajan como chinos, comen cosas agridulces, pasan un frío del copón y tienen menos libertad de expresión que el mayordomo de Fidel Castro...

Y sin embargo no paran de reproducirse y pronto van a ser la primera potencia mundial.

Cada chinito por separado se muere de hambre, pero juntos hacen temblar la economía japonesa, la economía europea, la economía yanki y todas las que se les pongan por delante.

Algunos empollones afirman que si algún día los chinos consiguen tener un coche por familia como hacemos en occidente, las reservas de petróleo se agotarán en menos tiempo del que se tarda en calentar un rollito de primavera en el microondas.
Y si algún día tooodos los chinos tienen sufiente poder adquisitivo para poder limpiarse el culo con papel higiénico, los bosques durarán menos que un chupito de licor de flores.
Y si algún día tooodos los chinos se pusiesen en fila e intentasen cruzar uno a uno por un paso de zebra, no terminarían nunca de cruzarlo del todo... por mucha prisa que se diesen, su tasa de natalidad es demasiado elevada.

Y no son pocos los listillos occidentales que consideran que el auge de la economía china es un problema porque nos va a joder nuestro "estado del bienestar".
Putos etnocentristas de mierda incapaces de asimilar el hecho de que el problema quizá somos nosotros, los que ahora mismo tenemos la pasta y no parecemos muy dispuesto a compartirla con Asia (pero con África todavía menos, ojo).
¿Como podemos tener los cojones tan grandes?

Parece que incluso nos divierte que la mayoría de chinos estén muertos de asco y estén dispuesto a cualquier cosa por acercarse a nuestro nivel de vida, y "cualquier cosa" incluye la participación en concursos en los que se les humilla, se les golpea y se les tortura física y mentalmente (vean el listado de lesiones de la primera temporada de Humor Amarillo).

La idea original del concurso se intitulaba Takeshi's Castle (en honor al perverso Takeshi Kitano, responsable también de Dolls, Hana-bi y Brother) y ya era terrible, pero la versión doblada al español ya fue el colmo de la rehóstia en patinete.
Nada menos que Miguel Angel Coll (el hijo de José Luis Coll) y Juan Herrera (el que nos ayuda a madrugar diciendo tonterías con Pablo Motos en M-80 de 7:00 a 10:00 a.m) se dedicaron a poner voces y a burlarse e insultar a los pobres concursantes con tanta mala leche que llegaron a popularizar términos grotescos como el chino cudeiro, el gafotas enclenque, el laberinto del chinotauro y un amplio etcétera de xenofobia e ignorancia ombliguista.

La manipulación de los diálogos y de las imagenes que realizaron estos señores vulnera cualquier intento de deontología periodística hasta tal punto que, a su lado, los noticiarios de Antena-3 o la COPE parecen objetivos e imparciales...
A modo de ejemplo basta comentar que ninguno de los chinos del concurso era chino en realidad, pero debieron pensar que eso era lo de menos, que al fin y al cabo tooodos los asiáticos son iguales.

Y el Canal Plus (que ahora se hace llamar Canal Cuatro y ya no está codificado pero tiene menos audiencia que la televisión local de Badalona) va a reponer esta bazofia y mi generación está contentísima:
Por fin podremos saber si Humor Amarillo nos daba risa porque era divertido o sólo porque nosotros éramos jovenes alegres y sádicos.

Y ya se rumorea que, siguiendo su linea de programación moderna y progresista de calidad que tanto nos anunciaron, el Canal Cuatro está planeando reponer también Pressing Catch y Las Mamachico.

Nota: un cate.

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