12.6.06

Ese oscuro objeto del deseo

Los cinéfilos documentados descubrirán (metidos por ahí, entre lineas, supongo) los habituales retratos de una burguesía decadente, o símbolos sobre la ceguera que sufren los poderosos al intentar ver más allá de sus propias narices, o presagios sobre los últimos días del sistema capitalista...
Pero los cinefílicos despistados se toparán de morros con una grotesca (y un tanto misógina) caricatura del calientapollismo encarnado en una moza enervante y caprichosa que se enamora (y se desenamora y se vuelve a enamorar y así sucesivamente) de un patán que basa sus técnicas de seducción en el viejo método de ofrecer dinero y bienes materiales.

Resulta gracioso que la actriz protagonista se identificase tanto con su personaje que a medio rodaje se dio cuenta de que la película no le gustaba y abandonó el proyecto.
El cachondo Buñuel, pragmático y gandul como los buenos comunistas, se negó a rodarlo todo otra vez con una nueva actriz y contrartó a una chica nueva sólo para las escenas que faltaban.
De manera que Carole Bouquet y Ángela Molina interpretan el mismo personaje a ratos, alternándose ahora una ahora la otra, deconstruyendo el personaje de Conchita en periodos en apariencia caprichosos, y los enteraos tampoco pueden resistirse a esta provocación del azar y le encuentran simbolismos intencionados sobre las fluctuaciones del IPC o el ciclo menstrual o la violencia contenida o las fases de la luna o qué se yo.

Nota: notable.
(y ya que hablamos de calientapollismo, ojeen esto de los intellectual whores, que es un poco basto pero a mí me hizo gracia)

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