5.6.06

Marilyn Monroe

El sábado vi un pañuelo en una exposición que había en el Palau Robert.
A simple vista parecía un pañuelo cualquiera, pero tenía bordadas las inciciales MM y dicen que había pertenecido a la difunta Norma Jeane Mortesen (alias Marilyn Monroe).
Quizá entre esas suaves fibras textiles se había alojado, tiempo atrás, uno o varios mocos del mito erótico de los 50.
O quizá incluso se había secado con él alguna lagrimilla, lo que sería mucho más poético.
O quizá se lo pasó por los labios después de felar a Frank Sinatra o a John Fitzgerald Kennedy.
El caso es que un pañuel normal y corriente había terminado en una vitrina y la gente se paraba ante él y decían cosas como "oh, mira, un pañuelo".

La exposición también incluye vestiditos, algo de ropa interior, un peine con un par de púas rotas, fotografías, revistas, calendarios, el cenicero que había en la mesilla de noche de la habitación dónde murió, y un amplio etcétera necrófilo-fetichista, que da ganas de rememorar las tres grandes virtudes de la rubia:

a) estar buena,
b) ser lo suficientemente inteligente como para ponerse a las órdenes de talentudos de la talla de Howard Hawks, Laurence Olivier, Billy Wilder, George Cukor y John Huston,
y c) haberla palmado antes de envejecer.

El resto, aceptémoslo, fue puro marketing.
Pamplinas del star system... Publicidad de inspiración goebbleniana... Un mito del copón bendito contruido sobre la carrera de una pobre chica que como actriz siempre estuvo encasillada en papeles de sexy y tontorrona; y que era lo suficientemente consciente de sus limitaciones como cantante para, en lugar de cantar en serio, limitarse a susurrar en plan sugerente.

Es interesante que en el mismo edificio, en la planta baja, haya una exposición sobre el publicista Joaquín Lorente. Los textos de esta exposición también son hagiográficos (cómo si el hecho de ser un publicista con talento fuese algo bueno para la humanidad), pero los pósters son tales coñazos y hay tantas teles escupiendo publicidad simultáneamente que el conjunto resulta molesto y desesperanzador. Lorente quizá es un tío muy creativo, pero no deja de ser un triunfador que se ha pasado toda su vida buscando fórmulas para repetir el mismo mensaje: Consume, consume, consume...

Y luego, upstairs, están las reliquias de Marilyn, una mujer convertida en objeto de consumo que terminó consumiéndose a sí misma.
Qué asco de mundo.

(Ambas exposiciones son gratis, y, ya que estamos, dejen que les recomiende también una pequeña exposición de fotografías y videos sobre los viajes de Magdalena Correa por la Patagonia que hay en el Palau de la Virreina y que se intitula Austral, porque ésta no tiene nada que ver con el cine ni la tele pero es muy bonita)

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