25.5.07

Sexo en Nueva York

Queridas amigas: los reyes no son los padres, dios no se preocupa de nosotras y las teleséries de mujeres están hechas por hombres.
En serio, no quiero ser aguafiestas pero se rumorea que Darren Star y Allen Couter tienen polla.
Y no sólo son los padres de Sex in the city sino también de Beverly Hills 9000 y pico: Sensación de vivir.
Y me imagino que se reunen con los colegas, se ponen hasta el culo de cerveza y hablan de obcenidades mientras juegan a hacer concursos de eructos. Los hombres siempre serán hombres y se piensan que en este mundo hay pocas cosas más agradables que beber cerveza, eructar y hablar de sexo con los amigotes... El problema es que Darren y Allen reciclan sus conversaciones sobre coitos, las recortan todo lo necesario para que puedan ser emitidas por las puritanas cadenas de televisión estadounidenses, las ponen en boca de cuatro tías buenas y las venden como si se tratase de feminismo postmoderno. Hay que tener jeta. Y para rematar la faena, le ponen un título de película porno que despierte la curiosidad y luego defrauda a cualquier pajillero.
¡Después se quejarán de que las mujeres son comadrejas rebuscadas!

Un título más adecuado sería quizá Parloteo en Villaconejos, porque las protas hablan más que follan y porque nadie se cree que la acción transcurra en una urbe inmensa y cada vez que una sale a la calle a comprar zapatos se encuentra con sus exs, sus ligues de la semana pasada, sus amigas de la infancia, su suegra, el cirujano que le arregló los gluteos y el profe de gimnasia que abusaba de ella en el instituto.

Y, bueno, las chicas protagonistas hablan de penes y vaginas sin dejar de ser frívolas, cursis y estereotipadas... Mientras que los secundarios masculinos no es que sean planos, es que tienen una bidimensionalidad chunga: durante 15 minutos son el hombre ideal, y luego en los últimos 5 minutos son una mierda andante.
Por ejemplo, puede suceder que la periodista se enamore de un cinéfilo y vaya con él al cineclub y le de mucho morbo y sea todo muy bonito hasta que el chico le pida que se disfrace de Dersu Uzala y se pinte un bigote a lo Groucho Marx y se arrodille frente al sofá y le fele el ciruelo mientras disfruta de El Acorazado Potenkim en el home cinema con el volumen a todo trapo. Entonces ella se da cuenta de que este hombre es tan capullo como todos y se va a contarlo a sus amigas.

Además aprovecha sus experiencias vitales (y a veces incluso consulta a tres amigas) para realizar una inducción global y escribir artículos de opinión con abundantes preguntas retóricas que a suele leernos con su elegante voz en off y que suenan más o menos así:
"¿Puede ser que la cinefilia sea el nuevo paradigma sexual de la juventud treintañera del siglo XXI en la isla de Manhattan?"

Y por supuesto que ellas son jóvenes y treintañeras y liberadas y sueñan con casarse con hombres de verdad que se depilen y no fumen y sean guapos y ricos.
Pero, dependiendo de la fase lunar, a veces se encontrarán con hombres ideales que no querrán comprometerse, y a veces se encontrarán com hombres ideales que querrán comprometerse antes de que ellas estén preparadas. Un desastre, vamos.
Y yo me pregunto: "¿Puede que los sentimientos ambivalentes hacia el compromiso a largo plazo constituyan un motor fundamental en el paradigma televisivo del siglo XXI?" o incluso "¿Puede ser que el nuevo paradigma de la evasión de una generación eternamente postadolescente que no gana lo suficiente para emanciparse pero le sobra pasta para coleccionar DVDs sea ver a cuatro pijas parloteando sobre novios y zapatos?"
Etcétera.

Nota: Un cate.

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