2.11.06

La novia cadáver

La disfunción erectil, la anorgasmia o la eyaculación precoz han sido material de estudio en multitud de libros serios y obras de ficción, pero hay otro pequeño monstruo en el mundo de los trastornos sexuales que está artísticamente bastante desaprovechado y que todavía puede dar lugar a mucha literatura y filmografía (que yo sepa, sólo se menciona, y de refilón, en Persiguiendo a Amy).
Me refiero a la Postura del Cadáver, que consiste en que uno de los miembros de la pareja sea demasiado gandul para mover el culo y se limite a yacer en la cama cómo si estuviese muerto, dejando al partenaire la ardua tarea del bombeo.
Ocasionalmente puede ser divertido jugar a la necrofilia, pero que uno de los dos miembros de la pareja haga el muerto cada noche suele mermar la pasión y erosionar el cariño y el romanticismo de cualquier relación.

Con lo que da de sí el tema, menuda sorpresa resultó que La novia cadáver no tuviera nada que ver con este trastorno. Una docena de personas abandonaron la sala gruñendo y refumfuñando, al comprobar que no obtenían ninguna información sobre cómo actuar ante la pasividad de sus medias mandarinas.

En realidad, La novia cadáver es sólo otra parida de Tim Burton rodada en majestuosa stop-motion.
Lo de siempre: una historia tontorrona, un prodigio técnico, escenas bonitas, momentos musicales, terror para niños y algún que otro chiste frivolizando sobre el angustioso tema de la muerte.
No es tan bonita como Wallace & Gromit: La maldición de las verduras, pero no está nada mal... y al menos no es un remake de La Fábrica de Chocolate.

Nota: sufi alto.
(y, ya que hablamos de novias cadáveres, ¿con quién se casará Carod-Rovira esta legislatura?)

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