1.2.06

En un lugar de Manhattan

El teatro ha quedado obsoleto y se ha convertido en una anticualla sin sentido con precios elitistas, contenidos infantiles y público escaso, supongo.
La verdad es que tampoco voy muy a menudo... pues sólo hay tres motivos capaces de arrastrarme hasta un escenario:

a) que tenga que ir por motivos de trabajo,
b) que me regalen la entrada,
c) que estrenen algo els Joglars.

Porqué els Joglars son la excepción que confirma la regla.
Ellos son la luz.

Y ultimamente sólo se habla de Albert Boadella por sus valientes ataques contra el culto a los símbolos patrioteros (que culminaron en el Manifiesto dels Ciutadans de Catalunya), pero pocos se atreverán a negar que es el dramaturgo vivo más brillante de este lado del Mississipi.

Y tras el necesario revival de La torna de la torna, por fin llegó a Barcelona su En un lugar de Manhattan: otra immersión en el mundo de la locura, pero esta vez sin guardias civiles.

El protagonista absoluto vuelve a ser Ramón Fontseré, interpretando un Don Quijote reencarnado en lampista que pondrá en su lugar a los teatreros zampabollos, a los gigantes del Leroy Merlín y a los papanatas que se apropian de los mitos literarios para trasformarlos en iconos vacíos.
Si el Manco de Lepanto hubiese levantado la cabeza durante el Año Oficial de Cervantes (por el culo te la hinco) es probable que hubiese escrito algún sarcástico entremés inspirado en toda esa payasada subvencionada y todos esos productos oficiales con la silueta del hidalgo manchego... Pero no me cuesta nada imaginármelo ahora, en pleno 2006, asomándose, moviendo la cabeza afirmativamente y partiéndose de risa al ver un Bálsamo de Fierabrás convertido en botella de Mr Propper, un Quijote King Kong feminista lesbiana provocando llúvias de esperma desde el Empire State Building, o una dulce Dulcinea reencarnada en la infermera Leonor que reparte las pastillitas en la casa de reposo...

Porque ya era hora de dejarse de chorradas y que los galeotes volviesen a ser liberados sin juicio alguno y que el Caballero de la Triste Figura volviese a ser apaleado una y otra vez, para recordarnos que él está loco, pero el cuerdo Sancho Panza también oye voces, y el mundo en el que vivimos tampoco anda muy fino que digamos.

Nota: excelente.

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