5.2.06

Arsénico por compasión

Nos encontramos ante uno de los hitos de la comedia y del cine en general.

Y por supuesto que no me atreveré a negar que la cosa tiene un importante valor arqueológico, y que en su día debió ser una hilarante comedia cargada de corrosivo humor negro, y por supuesto que me quitaré el metafórico sombrero ante Frank Capra cada vez que surja la oportunidad...

Pero ya se sabe que a) la inexorable flecha del tiempo es cruel, y b) nos hemos pasado demasiados años de nuestro desarrollo psicológico-cognitivo viendo por la tele asesinatos, puñetazos y coscorrones como para que nos de risa lo mismo que daba risa hace medio siglo.

Y lo que antaño parecía corrosivo humor negro, hoy parece insípido humor blanco o, en todo caso, gris claro.

Si nos ponemos a ver Arsénico por Compasión hoy en día -y nos la miramos sin prejuicios y sin manías reverenciales-, nos resultará difícil encontrarle la gracia a unos diálogos del calibre de: "abuela, ¡hay un muerto en el sótano!", "¿un muerto? qué raro, ¡antes había una docena!", "¡¿qué?!", "¡que antes había una docena!", "¿hay una docena de muertos en el sótano?", "sí, los matamos yo y la otra abuelita", "¡¿tú y la otra abuelita matasteis una docena de personas y las escondisteis en el sótano?!", "sí, yo y la otra abuelita matamos una docena de personas y las escondimos en el sótano", "¡¿tú y la otra abuelita matasteis una docena de personas y las escondisteis en el sótano?!", "sí, hijo mío, yo y la otra abuelita matamos una docena de..." Etcétera.

Por otro lado, el usualmente carismático Cary Grant aquí parece el precursor de la Escuela Jim Carrey, y esto ayuda a desmitificar cualquier cosa.

Nota: un sufi.
(y no tiene nada que ver, pero estos días no está de más apoyar a los humoristas que se juegan la vida por hacer chistes que hacen enfadar a los curas)

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