5.2.07

El libro negro

Parece que Paul Verhoeven termina su "etapa americana" (que incluye chufas de la talla de Showgirls, Starship Troopers e Instinto Básico) y vuelve a Europa a rodar cine europeo (que normalmente viene a ser como el americano pero con a) menos efectos especiales, b) más pit-i-cuixa y c) menos fantasmadas).
Pero el arte del holandés siempre ha estado entre dos mundos y el tío siempre nos ha regalado pit-i-cuixa (esa mutante de tres tetas en Desafío Total, ese cruce de piernas en Instinto Básico...), y tampoco hay manera de que deje totalmente de lado las fantasmadas.
Aunque la apariencia de El libro negro sea más seria de lo acostumbrado en él, hay un par de tiroteos de esos que vienen un montón de malos ametrallando a saco y no dan a casi nadie, y un solo bueno se asoma con una pistola y mata a todos los malos en un plis; y la historia de la judía que seduce a un alto cargo nazi regalándole sus sellos favoritos está cogida con pinzas (no sé si al tío lo pintan tan tonto porque es un hombre o lo pintan tan tonto porque se fíaba de Adolf Hitler, que al fin y al cabo era un señor tipo bajito, morenito y feo que se empeña en proclamar a gritos la supremacia de la raza aria).
La chica, eso sí, no defrauda, y enseña las tetillas cada dos por tres... y hay también un momento en que se espatarra ante un espejo y, con un pincel y un poco de tinte, desmiente el refrán ese que dice que "rubia de bote: chocho morenote".

A mí me pareció una peli entretenida, sin nada de especial, pero Verhoeven suele dar a entender en las entrevistas que sus pelis son obras maestras, lo que pasa es que la gente es tonta y no se da cuenta... o sea que quizá me perdí algo.

En todo caso, la moraleja parece decir que la vida es un yin-yan, que los malos no son tan malos y que los buenos a veces sí que son muy malos, que los nazis tienen su corazoncito y que los aliados también fueron un poco crueles con los colaboracionistas, ya ves tú qué panorama.

Nota: un sufi.

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