27.2.07

Diamante de sangre

Llevé a mi prometida a ver Diamante de Sangre, de Edward Zwick.

No era una peli elegida a las bravas, sino todo lo contrario: había oído rumores de que las chicas que veían esta película dejaban de manifestar interés por las piedras preciosas; y quizá se trataba sólo de una perversa campaña de marketing, pero estaba funcionando.
Igual que yo, docenas de jóvenes hacían cola con sus medias mandarinas, con esperanza de que, una vez ellas hubiesen visto la película, la unión matrimonial pudiese consagrarse ofreciendo alguna baratija no diamantina. El plan no podía fallar... pero en mi caso falló un poco, por culpa mía.
Tenía que haber entrado con ella.

"¿Cómo que sólo has comprado una entrada?"
"Es que yo te espero aquí tomando una cervecita y a la salida nos vemos..."
"¡Pero si me dijistes que tenías muchas ganas de ver esta peli!"
"¡No! Te dije que tenía muchas ganas de que tú vieses esta peli"
"Anda, déjate de tonterías y saca otra entrada y entra conmigo"
"Nooo... No me hagas esto... Que sale el Leonardo DiCaprio..."
"Me da igual, aunque saliese el Jim Carrey, si no entras conmigo no me caso"

Y bueno, la verdad es que fue un mal trago, pero al final me he ahorrado una pasta en el anillo.

Nota: un sufi.

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