24.10.07

Los Simpson

¿Podemos confiar en que los padres impartan educación ética y moral a sus retoños?
Lo dudo. Muchos padres están capacitados para procrear pero no para educar. En realidad muchos de ellos no estarían procreando si hubiesen acanzando un nivel más alto de competencia en el uso de métodos anticonceptivos, ¿cómo vamos a pedirles que enseñen a sus churumbeles a diferenciar el bien del mal? Y al fin y al cabo la mayoría de gente curra hasta tarde y no tienen tiempo para estar en casa con los mocosos.

¿Podemos delegar esta responsabilidad a los curas?
No, por dios, eso no. Dudo que el concepto de la fe y los tocamientos curiles sean provechosos para el desarrollo cognitivo y emocional de los chavales. Si por mi fuese, nadie pisaría una iglesia antes de haber cumplido los 18.

¿Entonces qué, que les impartan enseñanzas éticas y morales en el cole?
Ahora lo llaman Educación para la Ciudadanía, antes lo llamaban Ética y antes lo llamaban Urbanidad, pero el objetivo venía a ser el mismo, y la idea parecía buena... pero cuando mandan los progres los fachas tienen miedo de que se eduque a los niños para ser progres y cuando mandan los fachas nos cagamos por la pata baja.
Y los pobres profesores suficiente faena tienen para conseguir que 30 gilipollas se estén callados como para encima tener que enseñarles a dialogar como personas.

Sólo nos queda una opción: dejar a los niños aparcados frente a la tele y a ver qué pasa.
Ojo: la mayoría del entretenimiento infantil está pensado para niños imbéciles y parece promover la violencia, la ñoñería, el maniqueísmo, los gritos y la hiperactividad, pero también existen Los Simpson, una maravilla de 20 minutillos (más 15 de publicidad) capaz de hipnotizar a los críos en cuanto todavía están superando su etapa Teletubby, con unos colores vistosos y un mogollón de gags, un ritmo alucinante, unos argumentos no repetitivos y unas impecables enseñanzas morales. Es una serie de dibujos animados en la que no se reparten mamporros porque sí; una serie en la que se ridiculiza la violencia, el sexismo, la avaricia, el gandulismo, la corrupción y la necedad, una serie en la que se exalta la inteligencia y el valor del trabajo (aunque Lisa sea una cursi, siempre queda claro que ella es el futuro), y en la que se insiste en la importancia de la amistad, la familia, la honestidad y la autoestima; una de las pocas series en la que, cuando tratan temas polémicos, se evitan los maniqueísmos y se muestran ambas versiones de la bronca.
Y los chavales llegan a la pubertad y se convierten en adultos pero pueden seguir viendo los mismos capítulos una y otra vez porque siempre se descubren nuevos chistes y siempre hay varios niveles de lectura. Y los cinéfilos pueden jugar a descubrir mil guiños al séptimo arte (aquí tiene usted unos cuantos) y los literatos pueden jugar a descubrir mil guiños literarios y los nostálgicos pueden darse cuenta que las primeras temporadas eran más cutres pero también tenían su gracia, y los puristas pueden cagarse en Antena-3 por la falta de respeto hacia la audiencia que muestran al pasar los capítulos desordenados, doblados, recortados y sin títulos de crédito.

¿Podemos confiar en que la tele imparta educación ética y moral a nuestros retoños?
Sí señor sí, gracias a Matt Groening, James L. Brooks, Sam Simon, George Meyer, John Swartzwelder y Conan O'Brien sí que podemos.

Los Simpson, desde 1985, la mejor serie de televisión de todos los tiempos.
Aunque a mí personalmente me gusta más Futurama.

Nota: matrícula de honor.

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