9.10.07

Week End

Estaba con mis amigotes fumando heroína con papel de plata en la vía del tren, pero el cercanías siempre viene con retraso y mi amigor Rodrigo en lugar de gritar su tradicional "el último que se aparte maricón!" va y dice "a que no hay huevos de ir a la filmoteca ahora que están dando un ciclo de Jean-Luc Godard!" y somos demasiado duros como para no aceptar un desafío tan loco, así que levantamos el culo de los raíles, nos tomamos unos cafés y nos encaminamos hacia el horror de la nouvelle vague y la madre que la trujo.

La peli era sobre unos burgueses que estaban en un atasco.

Un día leí un texto de Alain Bergala que decía que el cine de Godard era demasiado complejo y profundo para que los espectadores ocasionales tuviésemos derecho a juzgarlo. Que hay que enfrentarse a él sin impaciencia. Que hay que aproximarse a su mundo de forma lenta, viendo todas sus películas una y otra vez hasta acceder a su intimidad. Y que esa intimidad es la que lleva al gozo. Que sus películas sueltas pueden parecer refractarias pero que vistas en conjunto son la repolla.

Y bueno, confieso que Week End me pareció refractaria, absurda y tontísima, y que me quedé con la misma cara que se me pone cuando llamo al servicio de atención al cliente de telefónica, pero confieso también que es que me falta ver el conjunto global de su obra.
La pregunta es ¿tendré agallas para ver algo más de este genio del séptimo arte?

A la salida del cine teníamos hambre y fuimos a un bar en el que nos sirvieron una tapas caras, minúsculas y rancias. Le dijimos al camarero que no nos godardeara así, que ya nos habían godardeado en el cine. Y a la salida nos paró un punki pies-negros solicitando monedas y le dijimos que se fuese a godardear a su puta madre.

FIN.

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