20.12.05

El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante

(y la madre que los parió)

Los que afirman que Moulin Rouge es una joya del barroquismo cinematográfico deberían ver esta peli (como penitencia, más que nada).

Porque El Cocinero, El Ladrón, Su Mujer y Su Amante puede tener un título poco meditado, pero está llena a rebosar de pijadas y chucherías visuales: planos perfectos, equilibradas simetrías, composiciones elegantes, vestiditos de Jean-Paul Gaultier e intentos de originalidad formal (desde travellings que atraviesan paredes hasta personajes cuya ropa cambia misteriosamente de color para quedar conjuntada con las cortinas de cada habitación).

Pero todo este lujo formal está al servicio de una historia que nos suena de algo, pues es la historia del típico (y un poco obsoleto) triángulo amoroso mal avenido en el que el marido mata al amante y la esposa mata luego al marido...
O sea que hay mucho adorno pero entre tanto adorno no divisamos ni siquiera un arbolito de navidad de plástico.

Pero eso no es lo peor, lo peor es que para que no le acusen de mariquita por rodar una historia tan ñoña y tan rebuscadamente condimentada, Peter Greenaway intenta realzar su hombría a base de maltratar al espectador en plan discípulo de Pasolini, y venga a llenar todas las escenas de gritos, violencia, canibalismo y gore postmoderno.

Y Braindead está muy bien, pero si hay algo más desagradable que el gore sin humor es el gore sin humor y con pretensiones poéticas.

Nota: un sufi (venga, va, que es navidad y lo de los vestiditos que cambiaban de color en el fondo me hizo gracia).

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