18.12.05

King Kong

(una historia de amor)

Lo más fascinante del cuento de King Kong (al que a partir de ahora nos referiremos por las iniciales KK por motivos humorísticos) es que se supone que es una historia de amor, una especie de revisión del mito de La Bella y la Bestia.
Y es posible que haya gente que acepte este hecho sin cuestionarlo, como aceptaríamos una licencia poética o cualquier fantasmada hollywoodiense, pero el espectador inquieto se sentirá obligado a comparar las dimensiones de la rubia con las del gigantesco simio y su cabeza se pondrá a dar vueltas intentando imaginar el momento de la consumación (dando por sentado que podemos descartar que se trate de un amor de esos castos y espirituales basados en el cariño de la amistad i las conversaciones, más que nada porque la rubia habla en inglés y el mono habla en el idioma de gruñidos de los monos, y si no hay comunicación verbal resulta muy complicado conocer la belleza interior del interlocutor).
Y al fin y al cabo, parece que KK se enamora en plan flechazo, a primera vista, y eso sólo lo consigue la atracción carnal...
Hablando en plata: resulta evidente que el gorila aspira a realizar algún tipo de acrobacia sexual con la rubia.

Ante la necesidad de abandonar cualquier fantasía sobre coitos tradicionales debido a la imposibilidad de introducir la pieza A en la ranura B cuando A>>B; uno no puede dejar de preguntarse qué posibilidades de llegar al orgasmo tiene un gigantesco pene de mono si es estimulado por una pequeña rubia a base de refregarse contra él con todo su cuerpo, abrazándolo y gesticulando frenéticamente con brazos y piernas, y recorriendo el glande a lengüetazos como quién lame de aquí para allá un gran utensilio de cocina en el que se ha preparado un pastel de chocolate.

Tal escena puede resultar un poco grotesca, pero la única alternativa posible sería que el gorila tuviese curiosidad anal y desease usar la cabeza de la heroína cual desafortunada bola china, lo que podría llevar la película por cauces todavía más trágicos.

En resumen, que nos encontramos ante una película de esas que hacen pensar.

Nota: un notable.
(pero no quiero que nadie piense que he cometido la osadía de ir a ver el último remake de KK, pero sí que puedo asegurarles que vi un ratito de la versión del 1976 que daban ayer por la tele, que salía una encantadora Jessica Lange corretenado en shorts)

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