11.3.05

Quadrophenia

Gran disco, pena de película...
Igual que esas topmodels que se pasan a actrices, o las actrices que de repente se sienten capaces de grabar un disco, no son pocas las películas que se han hecho famosas gracias al prestigio de cantantes pop-rock cuyas virtudes guitarreras difícilmente encuentran un guión a la altura.
En este caso, la peli se hizo famosa por el carisma de los Who y porque en un par de escenas sale también uno de esos ídolos pop-rock con cara de palo (creo que era el Sting, pero por lo que hace podría ser también el David Bowie o el Lou Reed)...
A parte de esto, nos encontramos ante la enésima chufa cinematográfica sobre las neuras de otro rebelde sin causa.
Y con lo jodido que está el mundo, esto de ser rebelde y no encontrar ninguna causa ya no dice mucho en favor del chaval... El tío incluso da la impresión de que escucha los Who porque es lo más in, pero hoy en día escucharía Tokio Hotel con la misma devoción y tendría un Fotolog y se maquillaría siguiendo las últimas tendencias emo.
Pero en esa época no existía Internet, así que el niñato se aburre, tunea su moto, se dedica al vandalismo y habla poco para que parezca que tiene una rica vida interior (el mismo truco del que tanto abusan tanto los agentes del CSI).
Y al final de la peli, cuando coge su moto tuneada y se pasa media hora conduciendo por los acantilados, como dudando entre tirarse al mar o no, sólo la molona música de fondo impide que los pocos cinéfilos que a esas alturas no se han dormido se levanten y griten «¡que se tire! ¡que se tire! ¡que se tire! ¡que se tire!»

Nota: un sufi.

Publicar un comentario