16.1.05

Zelig

Hubo un tiempo en que Woody Allen no sólo era gracioso sinó que incluso tenía una agradable capacidad de sorprender tanto argumentalmente como formalmente.
Entre payasada y payasada era capaz de a) contarnos los peligros del relativismo moral y b) caricaturizar el borreguismo que permite la existencia de las modas, los piercings, los bailes disciplinados del verano y los régimenes absolutistas.

La confusión se apodera del espectador con las primeras escenas de este falso reportaje, pero pronto las caras de "¿qué coño es esto?" van relajándose y llenándose de sonrisas... y raro es el que no se parte el culo con los gags en que salen grandes líderes aborregadores como Su Santidad el Papa o Adolph Hitler.

Nota: un excelente.
(luego pasaron los años y Woody envejeció e hizo Melinda y Melinda)

Publicar un comentario