2.12.04

Saló o Los 120 Días de Sodoma

El siempre polémico Pier Paolo Pasolini se cubrió de glória.
Este hombre es la controversia en estado puro: No son pocos los cinéfilos que echan de menos todas las pelis que podría haber rodado si no hubiese sido asesinado misteriosamente; pero no son pocos los que opinan que el mundo hubiese sido un lugar más bonito si se lo hubiesen cargado antes de que terminase de rodar Saló.
En realidad, la mayoría de los que se ponen a verla salen del cine simpatizando con el tipo que libró al mundo del director de esa pesadilla. Y es un sentimiento muy feo, pero oiga, también son muy feas las sensaciones a las que esta película somete a sus espectadores... No es que me haga el fino, es que esta peli realmente encabeza todas las listas de horrores fílmicos.
Una vez vi un trozo de una película que era más desagradables que Saló o Los 120 Días de Sodoma, pero era un documental sobre partos naturales que se recreaba en primeros planos de vaginas hippies dilatadas y al final papá y mamá se comían la placenta, pero al menos eso no lo ponían en los cineclubs y sólo se distribuía de forma clandestina entre los aficionados a los partos new-age.
Saló sí que la ponen en los cineclubs (en la tele no, oiga, ni siquiera en programas cinéfilos desterrados a altas horas de la madrugada) e ir a verla es un ritual de iniciación. Si te las das de aficionado al séptimo arte, tienes que intentarlo.
Trata sobre unos aristócratas que secuestran unas docenas de jovencitos y jovencitas y dedican todo el metraje a a) violarlos, b) torturarlos y c) obligarlos a comer cosas que no les apetecen (rollo Leo Bassi pero más trágico)... Y eso es todo.
Está basada en un libro del Marqués de Sade, y se supone que es una denuncia del fascismo, pero todos los espectadores izquierdosos ya saben que el fascismo es malo cuando entran, y los de derechas pensarán que tampoco son ellos tan cabrones comparados con el guionista que ideó semejantes escenas.

Mientras la miras, te sientes obligado a apartar la vista de la pantalla en muchas ocasiones y, a la que te fijas un poco ves que quién más quién menos está abandonando la sala. Parecía un homenaje al clásico cuento de los Diez Negritos, pero no por la peli en sí, sino porque al principio de ésta debía haber una docenita de personas en el cineclub, pero cuando acabó habían desaparecido todas excepto dos o tres mártires, y uno de ellos supongo que era el asesino... digo el acomodador. El otro era yo, que soy un tipo duro. El otro tenía cierta retirada a Hannibal Lecter.

En resumen, no la vean... a no ser que les apetezca presumir de haber visto La Peli Más Repugnante de la Historia del Cinematógrafo (yo la vi, y presumo mucho con mis amigotes, pero todavía no sé si me compensa las noches de insomnio que pasé dando vueltas en la cama y repitiéndome "tranquilo... era sólo una peli... la sangre era sólo tomate, y las cacas chocolate").

Nota: un cate.

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