8.5.06

El loco del pelo rojo

A finales del siglo XIX las artes plásticas se habían liberado de la esclavitud de tener que representar cosas de manera que se pareciesen a la realidad pero todavía prevalecía la idea de que valía la pena esforzarse un poco pintando cuadros bonitos (era la era pre-Warhol).

En este contexto histórico aparecen los cracks Paul Gauguin y Vincent Van Gogh y, quién lo iba a decir, parece que los tíos se llevan bien a pesar de la disparidad de carácteres:
Paul es apasionado, violento incluso, amante de la seducción y la lucha, pero sabe vivir en orden y armonía, con el rollo del equilibrio y la paz interior.
Vincent, en cambio, no soporta la violencia física, es un blandengue y un cursi que cree en el amor, pero vive en una pocilga y está en guerra continua consigo mismo.
A Paul le gusta cocinar y organizar las cosas; a Vincent le gusta lloriquear y automutilarse.
Y Paul va llenando sus cuadros de superficies planas y sensualidad mientras Vincent los llena de brochazos y violencia.

Y ya se sabe que los extremos se repelen, diga lo que diga la teoría del electromagnetismo, de manera que Paul (que ha sufrido mucho para salir adelante a lo largo de su vida) aprovecha cualquier oportunidad para largarse a un paraiso tropical a pintar mozas en top-less; mientras que Vincent (el niño mimado que ha vivido toda la vida a expensas de su familia) acaba metido en un manicomio.
Y en realidad representa que el prota era Vincent Van Gogh (reencarnado en Kirk Douglas) pero el que se llevó el oscar fue Paul Gauguin (reencarnado en Anthony Quinn).

Y Vincente Minnelli va y nos cuenta la historia de esta amistad casi como si fuese una apasionada historia de amor imposible, y le queda una peli muy bonita con un título muy bonito (Lust for Life) que en español, una vez más, quedó descafeinado, pero qué más da, es la peli del mes en la filmo y yo de ustedes no me la perdería.

Nota: Excelente y colorista.

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