14.2.08

Kilómetro 31

Me duché, me corté las uñas, me arreglé la perilla, me lavé las gafas, me depilé los sobacos, me peiné las cejas, empapé toda mi piel y cuero cabelludo con una mezcla de las mejores colonias que mis seres queridos me habían regalado en navidades, y me puse mis calzoncillos de la suerte, mis pantalones de ir a las bodas y mi mejor camisa.
Me miré al espejo y decidí que sí, que estaba preparado para asistir a mi primera preestrena con pase de prensa.

Pero en cuando llegué al cine la confusión se apoderó de mí, al no ver ni famosetes ni reporteros ni soplagaitas de la jet set. La gente que hacía cola en la taquilla me miraba como si yo fuese un espectador normal y frustraron mis intentos de colarme en plan VIP.
Cuando finalmente logré hablar con la taquillera, ésta me dedicó una sonrisa que parecía indicar aprobación hacía el perfume que emanaba de mi persona, pero me explicó que la preestrena de Kilómetro 13 la habían dado a las diez de la mañana. Y yo llegaba tan feliz a las 9:45 de la noche.
Me hizo sentir como los policías bigotudos de los cómics de Tintín en aquella ocasión que se metieron en un cohete y se fueron rumbo a la Luna por no haber sabido diferenciar entre las 10h y las 22h. ¿Pero a quién se le ocurre programar actividades ludicoculturales a esas horas de la madrugada de un día laboral? Me cago en la gente del mundo del espectáculo y en todos los reporteros y en su regalado tren de vida. La madre que los parió. Os aseguro que no queréis saber las innombrables y alienantes tareas que estaba realizando yo a las diez de la madrugada del miércoles...

Pero soy un buen profesional. Mi nuevo jefe alpacineroso confiaba en mí y yo no pensaba defraudarle. Le conté mis problemas a la taquillera, le confesé que tenía que escribir una reseña de la peli y le pedí ayuda.
"Es una mierda", dijo con una sonrisa.
Tomé nota en mi libretita y le pregunté si la había visto.
"No la he visto, ni pienso hacerlo... pero sí que he visto eso", dijo señalando el cartel de la película, que estudié con detenimiento durante algunos segundos. Luego subrayé la palabra mierda en mi libreta, le di las gracias a la chica y me fuí a casa con la satisfacción que proporciona el trabajo bien hecho.

Nota: un cate.

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