29.4.06

16 Calles

(vista por Alvy Singer)

Richard Donner no ha dado aún su último tiro. Los que lo dábamos perdido filmando pseudoseries B decadentes como Timeline y otras olvidables películas nos podemos ir tragando nuestras palabras, pero un error como este no merece más que celebrarse.

Richard Donner para quien no lo sepa es el mayor y uno de los mejores artesanos del “late Hollywood”, un hábil director que sabe conducir con sobriedad y clase cualquier clase de espectáculo cinematográfico. Arma Letal; Superman; La profecía o Los Goonies son sanos ejemplos de la cinematografía que ya ha sido objeto de imitaciones y remakes (el inminente estreno de La Profecía lo vuelve a confirmar).

Sin embargo el exceso de secuelas de las aventuras de Riggs y Murtaugh, y sobretodo la ausencia de Shane Black en ellas confirman que Donner llevaba un cansancio a reformular siempre los mismos clichés. Pero en 16 Calles borda su historia por sus medios. Así el peculiar (anti)héroe de la película, Jack Mosley, un policía cojo, gordo, ojeroso, alcohólico y cansado pero con una última posibilidad de redención es la historia de Donner, un director gastado con al menos un disparo más.

De acuerdo, la historia es la clásica buddy movie, pero aquí no estamos ante los delirios de Michael Bay, ni otros cineastas videocliperos y explosivos. Y hay más lecturas, que nunca son gratuitas. ¿Recuerdan Ruta Suicida (The Gauntlet) ese maravilloso divertimento que nadie pareció querer entender?

Pues en susodicho film dirigido/protagonizado por Clint Eastwood, encarnaba a Ben Shcokley, un detective completamente torpe y borracho, pero también con un mínimo de principios a los que no va a renunciar. Desmitifcando con ironía a Harry Callahan, Eastwood bordaba un clásico del thriller setentero con un famosísimo tiroteo a un autobús. Aquí vuelve a aparecer el tiroteo al autobús, pero esta vez el antihéroe es un Bruce Willis genial, que decide desmitificar al muy duro héroe John McClane de La jungla de cristal (el perfecto equivalente reciente a la saga de Callahan).

Lo que prima aquí es narrar y entretener con un oficio que ya no es nada habitual; y lo consigue. Sobra la moralina final (y un tremendamente chirriante Mos Def) y le borra todo ese airazo de apuntes de noir que habían desarrollado el personaje de Mosley pero aún así es uno de esos productos que despiertan la simpatía de los nostálgicos del mainstream de antaño.

-por Alvy Singer

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