4.11.05

Love Actually

Las comedias románticas son un producto raro: todo el mundo sabe que son pelis de tías, y, sin embargo, los directores y guionistas que las perpetran suelen ser tíos (y los protas normalmente también).
Los argumentos de este subgenero huyen de cualquier atisbo de originalidad para explorar de forma repetitiva los rituales de apareamiento, y, hacia el final del metraje, el chico suele haber perdido o despreciado a la chica y la recupera haciendo algo tonto, desproporcionado y normalmente ridículo y sin dignidad.
Ninguna comedia romántica termina con una reconciliación de esas de pedir disculpas por teléfono, es necesario que el chico pida la mano de la chica en público o se lance a un lago con la ropa puesta o haga mil tonterías para parar un tren o un avión...
Cualquier chica real a la que un exnovio le montase una escena en este plan se cagaría en todos los muertos del chaval; y sin embargo, por motivos oscuros, les encanta ver este tipo de cosas en el cine. Si alguna nos lee ya contará por qué.

El caso es que el paradigma de comedia romántica es este invento llamado Love Actually, que tiene lo mismo que cualquier comedia romántica anterior pero multiplicado por seis y supercondensado en un par de horitas. Sus historias se entretejen cual Short Cuts tontorrón, y, con tantas prisas, los personajes no tienen más remedio que enamorarse a primera vista.
Una vez enamorados, sin demasiados prolegómenos los chicos proceden a hacer las tonterías quue comentábamos con intención de seducir y/o recuperar a las chicas: se tiran a los lagos con la ropa puesta, se cuelan en aviones a punto de zarpar, recorren barrios enteros buscando una media mandarina, viajan tras ellas de un continente a otro y les tiran los tejos delante de toda la familia y conocidos...
Y luego se besan, normalmente también en público, y se sobreententiende que luego son felices para siempre.
Y también se incluyen un par de historias de desamor, pero son sólo rellenos para que los momentos dulces no se amontonen todavía más.
Todo sucede tan a saco, de forma tan cursi y estereotipada que casi parece una fina e inteligente parodia.
No en vano está la cosa firmada por Richard Curtis y Ben Elton, cracks de la tele inglesa que cuando eran jóvenes nos regalaron maravillas como The Young Ones o The Black Adder... Unos tipos admirables que demuestran ser eficientes incluso cuando no se toman en serio su trabajo.

Vamos, que es una peli tan dulce que a los diabéticos les sentará fatal, pero no hay ninguna duda que a las tías les encantará.
Lo que ya es más preocupante es que un servidor también quedó hipnotizado por semejante mariconada y no me había dado ni cuenta y ya me la había tragado de cabo a rabo y con una sonrisa tonta en los labios en bastantes escenas.

(Sí, vale, reconozco que me gustó una comedia romántica que no era un clásico de los 50 ni estaba firmada por Woody Allen, pero sólo se lo digo a ustedes porqué hay confianza. Esto que que quede entre ustedes y yo; mis amigotes no deben saberlo nunca.)

Nota: mi hombría se tambalearía si le pusiese más de un sufi, pero le pondre un sufi muy alto.
(y encima les linko una tira sobre apareamientos y hombres sensibles)

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