23.10.05

El mercader de Venecia

(vista por Brian McGee)

No entiendo la mala leche de los cines al poner palomitas. Hoy a mi derecha he tenido el placer de aguantar el constante crujido del maromo de turno con su chati que no ha parado constantemete de engullir como si fuese un cerdo en la cuadra las putas palomitas de marras. La verdad es que debería haberle indicado algo "a ver tío, me estás jodiendo la película, vete a la tasca a tomarte la caña, que te pega más". Pero claro está, además de aguantar el ruido palomitero no me voy a llevar encima dos hostias de regalo. Y es que los cines son lugares violentos, estás en tensión constante, que si el maldito crío no se calla la boca, los ya clásicos canturreos pubescentes de las cancioncillas de las distribuidoras o sus gracietas sexuales, sin pasar por alto la bolsita de caramelitos, pipas, kikos etc... que convierten estos lugares en sitios donde vemos desde los inocentes shhhhh hasta los no tan inocentes "¡me cago en tu padre, niño!".

Y ésto viene a cuento porque acabo de regresar hace escasos minutos de visionar El Mercader de Venecia, buena obra de nuestro amigo católico a ultranza Shakespeare, donde nos hace tener ganas de meterle el cuchillo por la garganta al maldito usurero e invadir Israel. Y no sé si será cosa mía, pero cada vez que empieza una película en la que aparecen judíos me salta mi venita conspiranoica. Comienza la peli con que en 1500 y pico los judíos son perseguidos y odiados por los cristianos en Venecia por la práctica de la usura, contraria a la ley cristiana. Y yo por mis adentros ya estaba, "maldita propaganda sionista". Sin embargo con el paso del filme vamos descubriendo la verdadera calaña del impuro mercader, y el afamado autor inglés le hace incluso arrodillarse y perdir clemencia de la forma más indigna posible, y como colofón final e incluso cómico convertirle al cristianismo. Aunque qué narices, el resultado al final será el mismo, la diferencia estriba en que manera harás el payaso en vida.

Y maldigo el cabrón que inventó el maiz.

-por Brian McGee

Publicar un comentario