24.3.08

París, l'amour, le fetichisme...

Tras horas y horas y horas de patear por el Louvre y subir luego a ver lo del Sacre Coeur, tenía los pies como tortillas y los gemelos que parecían trillizos, pero va mi churri y se empeña en buscar el bar de la película de Amélie para tomarnos unas copitas de vino y una tabla de quesos.
Manda huevos con lo fácil que es liar a los turistas, que los quesos estaban buenos, pero, aunque estuviesen malos, los cabrones seguro que estarán aprovechando el rebufo de la película durante siglos. Menudo chollo debe ser que filmen una peli así en tu bar... Y para que nadie se equivocase de local, habían colgado un par de posters de la Audrey Tatou y un hilo de tender ropa con unas pinzas que sujetaban fotos de un enanito de jardín junto a varios hitos arquitectónicos del mundo. En serio.

Y cerca de ahí había otro bar con un cartel inmenso presumiendo de que en él comieron Woody Allen, Drew Barrimore y no sé quién más durante el rodaje de Everyone says I love you, pero no picamos, que Dios dijo hermanos pero no primos.

Lo que sí que volvió a levantar la vena fetichista de mi churri fue la visión del Moulin Rouge, aunque, por suerte, los precios del show ya eran suficientemente disuasorios para que pudiésemos escaquearnos de una sesión cancán. De todas formas, alrededor del mítico molino rojizo había un montón de sexshops y nos pusimos a mirar pollas de plástico y disfraces de infermera, y en esto que vino un francés y nos propuso hacer un intercambio de parejas pero rechazamos la oferta (¡menudo elemento el francés ése, ni siquiera llevaba pareja!)

Publicar un comentario