30.11.04

Amélie

Hay personas incapazes de decir las cosas a la cara, que disfrutan líandola y complicando la vida incluso a la gente que aman, y se divierten con chistes privados y estrategias puñeteras...
Amélie Poutain es de esa clase de personas, la muy perrilla, pero se le perdona todo porque tiene unos ojazos impresionantes y una bonita sonrisa...
Y mira que la tía hace todo lo posible para marear a su pobre padre cambiándole de sitio el gnomo del jardín hasta volverlo loco; y es capaz de hallanar la morada del verdulero gruñón para envenenarle y de paso sabotear su instalación eléctrica.
Si no fuese por esos ojazos y esa sonrisa, se ganaría una de hostias...
¡Y la muy comadreja encima cree ser la nueva Lady Di!
Su nuevo novio ya puede ir preparándose, porqué incluso antes de que le hubiese tirado los trastos ella ya le estaba haciendo ir de aquí para allá sólo para comprovar si era un buen calzonazos o no.
¡Pero qué ojazos y qué sonrisa!
¡Y qué bonito es París!
(París, como toda gran ciudad, está contaminada y lleno de graffitis, pero para rodar los exteriores de esta peli se realizaron tales operaciones de limpieza de fachadas que a los vecinos de Montmartre les gustaría que rodasen una secuela cada mes)
La peli en sí es tontísima, pero está plagada de puntazos entrañables, elementos poéticos, sobredosis de azúcar y golosinas visuales...
Seguramente es lo peor que ha hecho Jean-Pierre Jeunet, pero pasa que lo peor de Jeunet siempre la dará mil vueltas a lo mejor de, no sé, Amenábar, por ejemplo.

Nota: un notable.
(y ya que hablábamos de elementos poéticos, aprovecho para linkar este interesante ensayo sobre la poesía vista como herramienta de apareamiento)

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