10.3.08

El cine se muere

El pueblo ha hablado.
Y el pueblo ha ordenado a) que Zapatero siga gobernando a pesar de haber apoyado el canon de la SGAE, b) que Chiquichiqui represente a España en Eurovisión, y c) que vaya al cine Ramoncín.
Bueno, los expertos en estadística podrían argumentar que esta última afirmación se basa en una encuesta demasiado cutre realizada en un blog contracultural y que sólo ha sido respondida por 161 frikis de la internet, pero qué narices, a nosotros ya nos vale para afirmar que el 15% de los lectores de La Cinefilia son unos empollones aficionados a filmotecas y cineblubs, el 24% son unos gandules que se apalancan en el sofá y se conforman con la tele y los DVDs, el 40% son unos corsarios pratas que no se dejan intimidar por la feroz campaña institucional que los acusa de criminales y delincuentes por sus labores de difusión de la cultura, y sólo el 19% sigue siendo fiel a las salas de estreno, un abrazaco para ellos, pues ellos son los que hacen posible que se sigan filmando películas (bueno, ellos y también el amable contribuyente en aquellos paises en los que la "indústria" del cine no se autofinanza), pero la verdad es que a mí lo que me llegó al corazón fueron las desesperanzadas palabras que un tal Capitán Willard nos dejó en los comentarios y que decían tal que así:

"Hace años que no voy a una sala de cine, entre otras cosas porque no existen como tal en mi entorno. Han sido sustituidas por unas magaarquitecturas del consumismo en las que las masas se citan con sus mejores galas para hacer cola y comprar kilos de azucar, grasas vegetales y litros de carbónico en tamaño big size, luego, son atracados en la ventanilla de entrada a cambio de sentarse en el sitio que puedan pillar y tragarse junto con el rollo de turno todas las palomitas y papas fritas del escandaloso paquete. También pueden gastarse dinero en la bolera o en las infinitas tiendas y pubs que pueblan esos multicentros. Las películas que suelen proyectarse son mediocres y predecibles, fabricadas a la medida de omnivoros ruidosos y superficiales como los que invaden esos no-lugares.
Echo de menos la coqueta salita del Cine-Club, defenestrado por el político de turno, al que iba religiosamente cada viernes.
Desde entonces, tiro de dvd, pirata o legal. La SGAE es una mafia criminal, los parásitos del cine español son unos asalariados del estado, y los únicos cineastas de interés en este país, hace años que, o bien no hacen cine (Victor Erice, por ejemplo), o se dedican al documental. Mención aparte autores como Luis Rosales (Las horas del día)."

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