6.5.05

Small Time Crooks

(Granujas de medio pelo)

Les sonará a cachondeo, pero Hugh Grant es un buen actor.
Sólo hay que ver su trayectoría: saltó a la fama con Cuatro bodas y un funeral y ya quedó encasillado en papeles de guapetón bonachón un poco pringadillo, y los bordaba pero parecía que no supiese hacer otra cosa... hasta que una noche, pese a tener una novia que era muy mona, el tío prefirió que le chupase la polla una prostituta con cara de mono!
La prensa montó un escándalo considerable y se acabó el encasillamiento... Bueno, lo volvieron a encasillar pero esta vez en lugar de como guapetón bonachón quedó encasillado como guapetón cabrocente cínico miserable granujilla de mierda, y la verdad es que también parece que haya nacido para esto.
De lo que sacacamos dos conclusiones: a) que la belleza física no lo es todo, la belleza espiritual y la habilidad oral también puntuan, y b) que Hugh es un mal marido pero un buen actor que lo único que necesita son buenos guiones (y alguna mamadilla de vez en cuando).

Y Small Time Crooks es la mejor película en la que aparece este pillín de ojos azules (y quizá también la única buena), pero no se puede decir lo mismo del señor Woody Allen... padre de maravillas como Zelig y tantas otras.
Bueno, lo que quizá sí se puede decir es que Small Time Crooks es la mejor película de su última etapa (que va desde Sweet and Lowdown hasta Pilinga y Pilinga, y que ahora se puede ver al completo y por cuatro duros en un ciclo que le dedica la Filmoteca de Barcelona a partir de mañana sábado). Avisados están.

La coña de las galletitas es impagable, y si parece que al final de la peli ésta pierde fuelle es sólo porqué el principio es insuperable y no había manera de estar a la altura (bueno, más o menos como le pasa a la carrera de Woody Allen mismamente).

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