10.5.05

Gorilas en la niebla

(la bióloga que inspiró a la princesa Letizia)

Pues hace un huevo de tiempo que vi la peli esta de los gorilas y ya no estoy seguro de si era buena o mala, pero me he acordado de ella porqué desde luego que sentó un precedente cuya influencia llega hasta nuestros días.

La peli resulta que iba sobre una valiente bióloga que se iba al monte a vivir con los monos para poder estudiarlos y escribir libros sobre ellos sin tener que usar demasiado la imaginación.
El caso es que esto pareció tan buena idea y todo era tan emotivo que pronto le salieron imitadores a esta Tarzana, como por ejemplo: a) aquel valiente periodista que, para escribir sobre el mundillo skin-head, se rapó el pelo, se integró en una pandilla de neonazis cocolisos, y se puso a patear turcos con unas botas reforzadas al acero, o b) la pandilla de listillos que, uno tras otro, se pusieron a investigar el mundo de la trata de blancas y se jartaron de mezclarse con seres despreciables y de follar a destajo con la excusa de escribir después sobre la experiencia y denunciar el lodazal de corrupción en el que se habían hundido adrede...
Puede parecer un poco asqueroso mezclarse con según que gente o con según que primates, pero la Verdad sólo sucede dónde sucede y los científicos o periodistas que la busquen tendrán que mojarse el culo.

Y, hablando de mojar, llegamos al último ejemplo de este tipo de periodismo extremo y simiesco:
La historia de una valiente reportera que, harta de que todo el mundo se burlase de ella por su cara de niñata soplapollas y por tener una falta de ortografía en el nombre de pila, decidió dar un vuelco a su carrera profesional integrándose ni más ni menos que en la Casa Real Española...
No sé si habrán oido hablar de ella, se llama Letizia Ortiz y, aunque son obvias sus intenciones de escribir un bestseller del periodismo de investigación (en el que desvelará todos los secretos de la institución medieval más cara del siglo XXI) los habitantes del Palacio de la Zarzuela no se enteran de nada y la han aceptado entre ellos como los monitos en la niebla, sentando de paso un bonito precedente al mezclar su excelsa sangre azul con la roja sangre de sus insignificantes súbditos.
Me imagino a Ortiz cada noche charlando animadamente con Sus Altezas y preguntando cosas como "A ver, recapitulemos, ¿qué tipo de drogas toma cada uno? Y a ver, volvedme a explicar lo de las fiestas y las prostitutas de lujo... ¿se las paga en blanco o en negro?" y luego encerrándose en el baño con un boli y un cuaderno a escribir sobre todo lo averiguado a lo largo del día (y me imagino también al Príncipe golpeando la puerta con timidez y preguntándole si está bien y por qué tarda tanto... y ella respondiendo que sí, que no pasa nada, que tiene un poco de bulimia y está vomitando el banquete de la cena).

No podemos más que admirar la labor que está llevando a cabo esta chica, y más ahora que lo que empezó como una travesura juvenil se ha complicado sobremanera, pues resulta que el Príncipe no tenía suficiente con una boda para acallar los rumores sobre su homosexualidad, y a Ortiz no le quedó más remedio que dejarse fecundar, y ahora en su tierno vientre de periodista valiente hay ni más ni menos que un maléfico zigoto que con el tiempo florecerá y se convertirá en el amo y señor de todos los españoles.

A mí personalmente, la cosa me da un asco tremedo, pero cuando Ortiz saque su libro me lo compro fijo, y cuando hagan la peli yo haré cola en la puerta del cine como los zumbaos del Star Wars!

Nota: notable.

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