26.4.07

Días de radio

No es una peli convencional, es un chute de nostalgia directo a la vena.
No diré yo que la nostalgia sea mala, pero tampoco me atreveré a decir que sea buena..
Sólo me atrevo a garantizar que proporciona sonrisas dulzonas y un innegable gustirrinín mezclado con una pizca de tristeza (por la inexorabilidad de la entropía, supongo).

Es como cuando estás en un bar y una pandilla de borrachos de tu edad empieza a cantar las sintonías de los dibujos animados que veías de pequeño.
Quizá a) pasaste una infancia de mierda aparcado frente a la tele, quizá b) veías esos dibujos porque no había muchos canales diferentes, quizá c) las canciones de inicio y final eran el infernal ruido propio de un karaoke otaku, y quizá d) esas canciones todavía suenan peor cuando las cantan una personas con el pudor eclipsado por la euforia de sangría o el calimocho... y sin embargo te hacen sonreir.
Dentro de tu cabeza se produce una conexión neuronal tonta que no resulta desagradable del todo.

Pero lo de Woody Allen tiene más mérito, porque seguramente es más viejo que tú y que yo, y el tío es capaz de hacernos experimentar nostalgia de una época que desconocemos pero que se intuye que era bastante más jodida que la de nuestra infancia.
Ni cuenta una historia tan buena ni retrata con tanta profundidad a los personajes ni suelta tantos chistes como en otras de sus pelis, pero las anécdotas inconexas son simpaticas y se amontonan acompañadas de una fotografía cojonuda y una música deliciosa.

Harry James, Benny Goodman, Glenn Miller, Artie Shaw, Tommy Dorsey, Frank Sinatra, Duke Ellington y Carmen Miranda son las verdaderas estrellas.

Viva la fiesta.

Nota: excelente.

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