2.11.08

Forrest Gump

A pesar de la creencia popular, el tan cacareado Sueño Americano no tiene nada que ver con la modorra que provocan la mayoría de productos de entretenimiento estadounidenses.
El Sueño Americano es un dogma de fe que dice que en América todo el mundo puede lograr todo lo que se proponga si se empeña en ello. Antes solían explicarlo con el hipérbaton de que "cualquier persona puede llegar a ser Presidente de los Estados Unidos" pero después de la legislatura Bush esta frase quedó un poco obsoleta, ya no impresiona tanto como antaño y ha caído en desuso.
El caso es que el mito del Sueño Americano resulta treméndamente útil a los ricos y a los poderosos, porque da a entender que ellos tienen lo que se merecen porque algo habrán hecho, y que los pobres y los zarapastrosos lo que pasa es que son unos gandules.
La creencia en el sueño este anula cualquier intento de reivindicación social y torpedea los cimientos del estado del bienestar.
Vamos, que lo que a simple vista parece parida inofensiva resulta ser en realidad una parida peligrosa, de esas comadrejiles que pudren la sociedad disimuladamente. Maquiavelo y Goebbles estarían orgullosos de los ideólogos del American Dream; y algunos neocons lo consideran más útil incluso que la gran falacia de La Mano Invisible o el libro de ¿Quién se ha comido mi queso?, porque ha calado mucho incluso entre el lumpenproletariado. A pesar de ser un mito más tonto y pueril que otros, o quizá precisamente por eso, ha calado.

Winston Groom escribió en 1986 una novela muy graciosa ridiculizando la ya de por sí ridícula idea de que el Sueño Americano pudiese existir en el mundo real y cualquiera pudiese llegar a triunfar en aquello que se propusiese. El protagonista se llamaba Forrest Gump y era tonto y sin embargo lograba triunfar en el ejército, en el deporte, en la política, en la lucha libre...
Pero el 1994 Zemeckis llevó la historia al cine de una forma tan ñoña y descafeinada que casi produce vergüenza ajena. Hay varias hipotesis: a) que no pilló el chiste, b) que lo pilló pero se lo pasó por el forro de los cojones para reventar la taquilla o c) que lo pilló pero decidió rodarlo de forma todavía más sutil y los que no lo pillan ahora son los espectadores.

Porque se entiende que en la película Gump viva menos aventuras que en la novela, pero no se entiende que una sátira salvaje sobre el Sueño Americano se convierta en una patética reivindicación de éste. Que en la pantalla no queda casi nada de la mala leche del original, y ahora parece que sí, que las recompensas ultraterrenales se dan también en este mundo y lo importante para triunfar en Estados Unidos es ser buena persona. Que si eres tonto pero buena persona vas a triunfar hasta el punto de cepillarte a la tía buena del instituto. Con este mensaje no es de estrañar que las salas se llenasen como abarrotadas cajas de bombones. Y los personajes secundarios sufren enfermedades degenerativas y mueren, y los oscars acuden a la llamada raudos y veloces (el Truco de la Muerte, el Teorema de la Lágrima). Y también hay escenas divertidas en las que sofisticadísimos efectos especiales permiten a Tom Hanks confraternizar con celebridades de antaño en blanco y negro, pero son gags copiados de Zelig.

Y, como colofón final, los productores de la Paramount Pictures se forraron como nunca se habían forrado antes, pero un fabuloso equipo de abogados y mangantes logró minimizar la parte correspondiente a Winston Groom aduciendo que la película había sido un "fracaso comercial".
Y se iba a rodar una secuela intitulada Gump & Co., pero Groom dijo que tonto es el que hace tonterías dos veces, y que la secuela se la metiesen por la caja de bombones de al final de la espalda.

Nota: suspendido por mala actitud.

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