17.7.07

Las moscas van al glamour

La vergüenza póstuma acaba de caer sobre Clark Gable y Marilyn Monroe, tan guapos, tan brillantes, tan sonrientes en el Olimpo de los dioses del celuloide, tan saqueados por los mitómanos, tan expuestos a la necrofilia (sobretodo Marilyn)... que ahora resulta que eran ambos unos guarros y unos asquerosos.

Jennifer J. Dickinson dice que Clark Gable descuidaba la higiene y maceraba una halitosis tan repulsiva que Vivian Leigh aborrecía tener que besarle durante el rodaje de Lo que el viento se llevó. A Dios ponía por testigo que había que cepillarse los dientes más a menudo, pero a él, francamente, le importaba un comino.

Sin embargo, esta pequeña bordería es sólo una pequeña réplica a la sarta de vergüenzas sobre Marilyn Monroe que se airean en la polémica biografía de Gable que acaba de sacar David Bret, intitulada Clarck Gable: Tormented Star.

En ella se acusa a la suculenta rubia de:
a) teñirse el potorro,
b) ir por el mundo sin bragas y a lo loco,
c) ducharse muy ocasionalmente,
d) comer en la cama y tirar al suelo los restos del plato antes de dormirse,
y e) sufrir el síndrome del intestino irritable.

Todas estas revelaciones son un poco desconcertantes, pero la peor es la última, que parece ser una manera fina de decir que el mayor mito sexual de la historia del mundo mundial era una pedorra.
Qué horror. La próxima vez que veamos que le revolotean las faldas del vestido pensaremos que el aire viene de dentro.

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