23.3.07

Un viaje alucinante

Yo, que soy muy visceral y enamoradizo, habría hecho que Rachel Welch se tumbase en una camilla y que los otros protagonistas fuesen metiéndose dentro de ella por turnos.
Pero Richard Fleischer es tan original que prefiere hacer una película en la que el que se tumba en una camilla es un calvo con bigote... y Rachel Welch es una de las que se meten dentro de él.

Y podría haberse contentado con meter un dedito o dos por algún orificio (o una sonda o una lavativa o algún telefóno móvil o cualquier otro artefacto vibrador o no) pero, en un sorprendente giro argumental, el guión exige que dentro del calvo con bigote se metan 4 o 5 personas enteras y un submarino nuclear, gracias las punteras tecnologías secretas de los años 60 en el campo de la miniaturización.

Lo del increíble hombre menguante es una niñería comparado con la premisa de esta psicodélica película. El traductor de títulos no era el único que alucinaba.

La aventura en sí, los decorados, el ritmo, el supuesto suspense... todo ha quedado un poco obsoleto, pero los efectos especiales justifican la película de cabo a rabo.
No es que los efectos especiales no hayan quedado obsoletos, es que verlos ahora mola más que verlos nuevos, porque a) las paredes celulares son cortinillas de seda, b) los glóbulos blancos son lámparas de lava, c) los trajes de buzo son pijamas, d) las miniantenitas que se mueven arriba y abajo alrededor del calvo con bigote son entrañables piezas de Lego y e) los protagonistas finjen estar nadando pero en realidad parecen estar colgados de unas cuerdas... Es difícil parar de sonreir.

Y luego hay dos científicos que discuten en un par de ocasiones porque uno parece ser un científico creacionista (o sea un farsante) y el otro es un científico evolucionista (o sea un científico)... y uno de los dos resulta ser un traidor. ¿Cúal será?

Nota: notable.

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