22.8.06

El tambor de hojalata

El pequeño Oskar Matzerath es la caricatura del outsider vocacional: se cree muy especial, se cree poderoso, se enorgullece de no pasar por el tubo... pero su máxima gesta consiste en conseguir una apariencia física que lo distinga del resto de la Humanidad.
Y si, tras las travesuras de rigor, lo que toca es servir al poder y hacer de mono de feria del ejército nazi, pues venga, así es la vida.

Y mira qué puñetero Günter Grass, que ahora, dentro de los actos de promoción de su último libro, va y reconoce públicamente que en sus años mozos no es que hiciera de mono de feria como Oskar sino que incluso formó parte del brazo de combate de las Schutzstaffel, la temible unidad paramilitar a las órdenes de Himmler.
Y dice que es que era jóven y crédulo... y la cosa funciona y las ventas de su autobiografía se disparan como la factura del gas de Birkenau a partir de 1940.

Pero no seré yo quién tenga los cojones de juzgar al bueno de Günter.
Por muy ex-SS que sea, también es uno de los escritores más cracks de todos los que corretean por el mundo. Vale la pena leerlo, empezando por El tambor de hojalata y terminando quizá por esta autobiografía que promociona de forma tan rastrera.

Y la peli, bueno, ya se sabe, resume un poco el asunto y da una visión más superficial de la historia del Peter Pan tamborilero, pero tiene escenas inolvidables y no deja de ser una maravilla.
Hay quién la califica de realismo mágico, pero también podríamos decir que resucita el expresionismo alemán y quedarnos tan anchos.

Nota: excelente.

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