10.1.09

Matrix

Tontería 1:
A mucha gente le parecerá razonable que los robots esclavicen a los humanos para robarles la energía eléctrica generada por sus impulsos nerviosos.
Pero dicen los empollones que la energía ni se crea ni se destruye, se transforma. Por ejemplo, en el Sol se producen reacciones de fusión que transforman la energía de los núcleos de los átomos (energía nuclear) en energía radiante que llega a la tierra y es absorbida, entre otras cosas, por las lechugas que, mediante el proceso de la fotosíntesi, la usan, entre otras cosas, para construir moléculas (energía química). Luego viene por ejemplo un conejo y se zampa la lechuga y usa la energía química de ésta para correr y saltar (energía mecánica) y se pasea por ahí hasta que lo pillo yo y me lo zampo con allioli. Y obtengo así mi dosis de energía para realizar diversas funciones corporales. Pero esa energía es sólo la pequeña parte de la energía nuclear del Sol que se transformó en energía radiante y luego en energía química lechuguil y luego en energía química conejil. Y entre transformación y transformación, la mayor parte de la energia originaria se ha disipado por el universo en forma de calor.
Vamos, que si eres un robot te sale más a cuenta zamparte el conejo al allioli que zamparte el impulso nervioso de un humano, pero mejor aun si te zampas una lechuga o, en un alarde tecnológico, te montas una placa solar en la cabeza y de dejas de complicaciones.

Tontería 2:
En la antiguedad la gente desconocía los intríngulis de los fenómenos atmosféricos básicos y las tormentas y las sequías se atribuían a dioses y otros seres mágicos y poderosos... Pero los empollones descubrieron que casi todos los fenómenos de la naturaleza podían también explicarse de forma científica. Aunque han pasado los años y mucha gente prefiere aferrarse a la mística y las supersticiones, que tienen la ventaja de que no hace falta saber mates para entenderlas y además te prometen vidas eternas y otras maravillas. Incluso hay quien considera la ciencia como una religión más, pero la ciencia tiene la ventaja de que permite hacer predicciones comprobables sobre qué pasará en el futuro.
Bueno, es que no hay color: la Bíblia nos da las Profecías de Fátima, la Ciencia nos permite predecir los eclipses y el tiempo que hará mañana y además viene con inventos chulos de regalo como la electrónica, el cine o los desagües sifónicos.

La paradoja:
La película esta, a pesar de a) patinar con el rollo energético, b) estar cargada de simbología judeocristiana y c) parecer un puto anuncio de gafas de sol, es interpretada por muchos como un canto al conocimiento y a los procesos de aprendizaje.
En serio, no se trata de una metáfora alucinada por cuatro frikifans con raybans, se trata de una metáfora consagrada que también la analiza con todo detalle un filósofo de la talla José Sánchez Tortosa en su desesperanzado libro El profesor en la trinchera.
A ver si va a resultar que Matrix es la Caverna platónica del siglo XXI.

El simbolismo docente:
Morfeo es el profe guiando desde la caverna hacia la luz del conocimiento a los que quieran seguirle y tengan fuerzas para hacerlo; Neo es uno de los pocos alumnos que todavía se esfuerzan por aprender; la humanidad enchufada son los alumnos zoquetes atrapados en la caverna-matriz; la matriz en sí no es otra cosa que el cómodo mundo de la ignorancia; y Trinity debe ser la pizarra, porque va vestida de dominatrix pero está un poco plana.

La conclusión:
Las balas van despacio. Como mola, colega.

Las secuelas:
Matrix Reloaded y Matrix Revolutions, ai uix.

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