7.1.09

Rec

Uno de los problemas del cine contemporáneo es que todas las películas tienen títulos parecidos y es fácil liarse. Ayer, por ejemplo, me fui al cine con toda la ilusión y con toda la familia pensando que ponían esa del ogro verde y el gato con botas, y nos encontramos cara a cara con el deformado rostro del nuevo cine de terror catalán.

Y confieso tener ciertos prejuicios contra el cine de mi tierra y ciertos prejuicios contra el cine de terror, pero no me quedó más remedio que ponerlos todos juntos y tragármelos y alucinar ante esta película. Menudo yuyu.

Mi churri, para sentirse más segura, se me agarró del brazo y me lo fue apretujando y dislocando a medida que avanzaba la trama. Si los zombies no se pasasen toda la peli pegando gritos se hubiese podido oír el crujir de mis articulaciones.
Cuando los protas se encierran en el ático, yo ya tenía el antebrazo azul.

Por otro lado, entre a) los sustos, b) los gritos, c) el terror infernal y d) la visión de una rubita pechugona correteando y subiendo y bajando escaleras y respirando entrecortadamente mientras otra atractiva señorita apretujaba su anatomía contra mi desconyuntado brazo derecho, el corazón se me puso en modo taquicardia y parece ser que se me acercaron a la piel unas venas palpitantes que no sabía yo que poseía. Cuando encendieron las luces ya tenía tan mal aspecto que me vio una adolescente palomitera y empezó a correr pensando que yo también había sido mordido por un no-muerto.

Y habría que destacar las escenas de sátira del paisanaje español y de los programas de cutre-realidad a lo Callejeros, que casi recordaban al mejor Berlanga, pero hostias, la risa que me salía a mí con esas escenas ya no era una risa alegre, sino era una risa histérica, de loco, la misma que se le escapa a cualquier espectador sensato cuando ha visto a una niña pegarle un mordisco en el ojo a su propia madre.

Vamos, que está muy bien, y tiene mucho mérito rodar toda la peli con una sola cámara, sin hacer ni un solo plano-contraplano y prescindiendo de la mayoría de martingalas que dan ambiente en otras películas. Y todavía tiene más mérito que el resultado de tal prodigio técnico no aburra y que resulte creíble (dentro de lo que serían los cánones de credibilidad de las películas de temática zombie, se entiende), pero por otro lado dudo mucho que mi brazo recupere nunca la forma que tenía antes de la película. No se trata sólo de la tradicional gangrena, se ve que la articulación está fuera de órbita y los huesos resquebrajados.

Desde que vi Rec me alimento con una pajita y me masturbo con la izquierda.

Nota: notable alto.

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