28.4.08

Matrix Reloaded

Esta película es una charlotada.
Y aunque hay gente que dice charlotada en plan descalificativo, yo lo digo de buen rollo, porque Charlie Chaplin era un crack, uno de los genios de la historia del séptimo arte, oiga. Sus coscorrones, sus muecas y su desencanto melancólico eran bombas de relojería contra el belicismo, la alienación y las injusticias sociales.
Pero bueno, el caso es que también se las daba de perfeccionista y cuando estaba rodando por ejemplo una escena de dos tíos dándose mamporros en un ring de boxeo, les decía cosas como que pelearse es fácil, que todo el mundo se pelea, que incluo los niños saben darse de hostias, pero que, ojo, lo que iban a rodar no era sólo una pelea, era un baile. En serio, grandes bailarines llegaron a confesar su admiración por Chaplin y sus hostialidades convertidas en cuidadosas coreografías en las que lo más importante era el ritmo y la coordinación entre los movimientos de los diferentes personajes.
Y el tío creía hacer estando algo único pero en realidad estaba inventando un género audiovisual que no dejaría de decaer hasta llegar al postmoderno baile del Pressing Catch.
Y este rollo venía al caso de que viendo Matrix Reloaded uno se queda con la boca abierta ante los efectos especiales y las peleas multitudinarias en las que un personaje se multiplica por mil y no deja de saltar y moverse con soltura y las mil copias del malo se acercan y se alejan y la cámara va de aquí para allá y el tiempo se ralentiza dando lugar a un baile fascinante. Y en todo momento queda claro que las hostias no duelen. Y a penas hay sangre. Pero el ritmo y la coordinación de los agentes Smith son impecables. Sólo les falta salir en mallas.
A muchos les parecerá que se trata de un espectáculo vacío, pero bueno, también son muchos los que se quedan sobados viendo El cascanueces de Tchaikovsky o La consagración de la primavera de Stravinski.
Y entre baile y baile hay algo de diálogos y un argumento absurdo, sin ton ni son, pero qué más da, su función es claramente de relleno, no hay que pedirle peras al olmo. Tampoco esperamos nunca grandes desarrollos argumentales en las escenas que enlazan los folleteos en las películas pornográficas.
Los bailes molan y con las persecuciones lo flipas, y ya está, para qué engañarnos.

Nota: notable bajo.

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