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27.7.07

La infancia de Iván

La opera prima de Tarkovsky es una antibélica croqueta que cumple las Cuatro Reglas de Oro del Cine Autor (CROCA), pero también es la bonita y triste história de un niño soldado en la Segunda Guerra Mundial, con una fotografia preciosista y un sentimentalismo no demasiado baboso a pesar de los pesares y de la delicada temática.
Estuvo prohibida en la URSS porque a los soviéticos no les parecía que diese muy buena imagen de su ejército que en él hubiese un chavalín de 12 añitos que echaba de menos su madre muerta. Y sin embargo dicen los libros que Stalin justificaba la ejecución de chavales de esa edad argumentando que bajo el Comunismo los niños crecían más fuertes y más maduros, y que a los 12 ya eran adultos y podían ser juzgados y ejecutados.

En España comentas esto delante de algún profesor de la ESO y se les queda una sonrisa tonta y una cara de estar paseando por las nubes que ríete tú de las ensoñaciones del pobre Ivancito.

Nota: notable.

20.5.07

Solaris

Nos aferramos a nuestras ideas a pesar de que sólo son ideas. Es normal que, si un oceano vivo y generoso usa campos magnéticos para amontonar neutrinos con la forma de nuestras churris desaparecidas, nos aferremos también a los neutrinos y nos pasemos el día retozando con ellos en lugar de plantearnos los dilemas gordos que nos atenazan, que hoy vienen a ser estos:
a) ¿La obtención de conocimiento es un fin en sí mismo?
b) ¿Vale la pena arriesgarnos a dañar algo que no conocemos si arriesgándonos a dañarlo albergamos la esperanza de llegar a conocerlo un poco?
c) ¿Si una inteligencia superior intentase comunicarse con nosotros y lo hiciese materializando cosillas que encuentra dentro de nuestra cabeza, qué saldría? Y, en caso de que saliese una exnovia bonita, ¿nos la follaríamos?
d) ¿Follar con cadáveres resucitados que no se sabe exactamente si existen o no, puntúa como necrofilia o puntúa como psicósis?

La histórica novela de Stanislav Lem fue adaptada por Andrei Tarkovski en un país y en unos tiempos en los que no se podía rodar casi nada que sonase a libertad individual y sin embargo logró colar a la censura comunista una frase que dice tal que así: "Amamos aquello que podemos perder... tú mismo, tu mujer, tu país..." que hoy suena a poco pero que no tendría yo valor de susurrar a los peces gordos de la URSS, una máquina de devorar países.
El truco que usó fue ralentizar la peli hasta que se sobaron todos los censores.

Solaris, igual que 2001, es una peli de ciencia ficción que avanza a ritmo de croqueta y por eso se la acusa de ser una respuesta soviética al film de Kubrick, aunque se parecen como un huevo y una castaña.
En 2001 todo estaba limpio y ordenado, y el imperialismo capitalista fardaba de pasta y efectos especiales; en Solaris todo es de baratillo y está hecho unos zorros. Las puertas de metal de la estación espacial son puertas de papel de alumnio que si te equivocas y empujas una que se tendría que abrir hacia dentro ya te las has cargado. Sólo falta que pongan anillas abrefácil de esas de las latas de sardinas a las paredes de sala de descompresión.
Y dice el cliché que 2001 mira hacia fuera, mientras que Solaris mira hacia dentro, buscando el alma de la humanidad en lugar de buscar monstruitos por el espacio exterior. También dicen los enterados que es una película de CONciencia ficción, o que es metafísica, o que es existencialista, o que es califragilistica, el caso es que deja mucho tiempo para pensar y el espectador puede usarlo para introspeccionarse un poco.

Y por si el asunto no fuese ya suficientemente atrayente, siempre mola que los títulos de crédito estén en cirílico y aparezcan Rs al revés.

Nota: excelente.
(y luego un notable para la Solaris yanki)