29.8.07

Regreso al futuro 3

En el mundo de la ficción abundan los científicos escépticos y aguafiestas que no creen en la magia y que luego resulta que estaban muy equivocados y seguramente se los come un montruo, y abundan también los científicos que juegan a ser dioses y la lían resucitando muertos o clonando dinosaurios para simbolizar los temores que el conocimiento no supersticioso inspira en las masas. Entre la dificultad intríseca de las matemáticas y lo poco atrayente de estos dos clichés, los adolescentes prefieren estudiar todos itinerarios de letras, y así nos va luego en el mundo real.
Uno de los logros de la saga de Regreso al futuro era el personaje de Doc Brown: un científico diferente, cachondo y alocado pero moralmente irreprochable, capaz de inventar cosas que molan y que funcionan y capaz de hacer que los niños se interesen por la ciencia y la tecnología como fuentes de asombro y fascinación.
Doc era la alegría de la fiesta, tenía las mejores líneas de diálogo y tenía una divertida manera de hablar y de moverse, un peinado relativista, una inolvidable cara de loco, unas ropas graciosas y una espalda encorbada a lo Groucho Marx... aunque se rumorea que esto último era más que nada para compensar la altura de un Christopher Lloyd que si no se encorbaba no había manera que cupiese en el mismo plano que el diminuto Michael J. Fox.

El problema de Regreso al futuro 3 es que Doc Brown se echó novia y, al igual que tantos otros hombres que se han echado novia antes que él, se convirtió en un tío aburrido. Los chistes se esfumaron, empezó a pronunciar algunas frases sin gritar ni acalorarse, e incluso hay una escena en la que casi aparece erguido del todo.
Zemeckis y Spielberg pueden sacar todos los patinetes atómicos y todas las locomotoras de colorines que quieran, pueden hacer homenajes a Clint Eastwood, pueden hacer 20 guiños autorreferentes y pueden sacar a Martin McFly bailando el moonwalk en una taberna... pero con un Doc enamorado el ritmo de la película se resiente.

Además, ya se sabe que no hay que jugar con el viaje en el tiempo y que es peligroso interaccionar con los antepasados, y el pobre Jota Fox no lo hizo una sino tres veces y parece que pagó las consecuencias entrando en un infundíbulum cronosinclástico a partir del cual las dimensiones del mundo físico convencional dejaron de significar nada para él, y se esparció a lo largo de la flecha del tiempo.
Es difícil explicar este fenómeno sin utilizar ecuaciones diferenciales, pero saltan a la vista los efectos secundarios que sufrió el chaval:
a) el tío empezó a sufrir Parkinson y enfermedades propias de la tercera edad cuando supuestamente cumplía 30 añicos,
y b) el paso de los lustros y las enfermedades no parecen afectar para nada su careto de adolescente y lleva medio siglo con una desconcertante pinta de crío.

This is heavy, Doc.

Nota: sufi.

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