27.7.05

El BassiBus

El gurú espiritual Leo Bassi saltó a la fama comiendo cacas por la tele, pero tampoco hay que desdeñar sus labores de humorista, filósofo, payaso, fakir y agitador de masas...
¡Pero es que ahora encima hace de guía turístico!

No recuerdo sus palabras exactas, pero el tío ya introdujo su espectáculo contándonos que normalmente el BassiBus recorría Madrid, que como todo el mundo sabe es una ciudad llena de hijosdeputa; pero que de manera excepcional y sólo por 3 días (que en realidad fueron 2 por culpa de unos zumbaos religiosos) el Bassibus recorrería una Barcelona que, a simple vista, puede parecer una ciudad moderna, socialista y solidaria pero que no hay que escarbar mucho para apreciar que al fin y al cabo también es una ciudad llena de hijosdeputa.
Y mientras decía esto, montado sobre un cubo de basura, detrás suyo dos grafiteros espontáneos ensuciaban las paredes del Raval, y las azafatas de Bassi enchufaban un radiocasette a través del cual Freddy Mercury y Montserrat Caballé pegaban gritos olímpicos; y los 200 barceloneses allí reunidos, en lugar de enfadarse le ríeron las gracias al bufón y se montaron en sus autobuses, para que les llevasen de paseo y les inculcasen ideas revolucionarias y ansias de venganza.
Y, guiados por el gran gurú italiano y sus dos bellas azafatas, vimos las fotos y currículums de los principales especuladores de la ciudad; vimos el apocalíptico desierto del Fórum de las Culturas (tan sórdido que ni los skaters se atreven a patinar sus inóspitas hectáreas de cemento gris); vimos la exposición fantasma sobre la ciudad del futuro que pagamos entre todos pero no visita ni diós, y sus escondidas piscinas para picnics selectos; vimos el encanto feliniano de La Mina, entrañable barrio en el que las casas tienen grietas y las mandibulas de las estatuas de Camarón de la Isla son rebentadas a barrenazos; vimos los atascos de la Operación Salida; vimos la masía de un abuelito que iban a desauciar (por cierto: "NO AL PLA CAUFEC!"); y luego vimos las acojedoras casitas de la zona alta y realizamos un simulacro de expropiación de la mansión del pez gordo responsable de cien casos de aluminosis y mil otras barbaridades (el Magnate Sanhauja, hijoputa dónde los haya), y él no se asomó a saludarnos, pero sí que lo hicieron su chacha (vestida como las chachas de las pelis porno y las teleseries pijas) y su guardia de seguridad.

Vamos, que nos reímos mucho y sin embargo nos fuimos a casa un poco cabreados, pero no con Leo, sinó con el sistema, mecagoendiós.
Y se ve que cada día que hace lo del bus el trayecto es diferente, que en la capital suele liarla en el Valle de los Caídos, las sedes del PP y sitios así.

Nota: excelente.
(Y nos consta que en los Madriles alguno de nuestros lectores está triste -sobretodo cuando llega el verano- por su carencia de playas y de divertidos conflictos lingüísticos, pero deberían sonreir y alegrarse de tener el Prado y el BassiBus!)

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