3.2.09

Gomorra

Más o menos, la evolución de la imagen de los mafiosos en el cine es tal que así:
1. Primero fueron muy malos y muy planos.
2. Luego fueron pillando matices y glamour. Seguían siendo malos si te parabas a pensar en ello, pero tenían tanto carisma que daban ganas de irse de turismo a Sicilia y jurarle vasallaje al primer cacique que se pusiese por delante.
3. Luego pillaron todavía más matices y más personalidad pero su glamour se fue relativizando. El Scarface de De Palma parecía una caricatura al lado del Padrino de Coppola, pero eso era sólo el principio de un descenso hacia unos abismos de cutrerío que parecían inimaginables en la época de Once upon a time in America... Cuando vimos por la tele a Toni Soprano con su camiseta de tirantes bebiendo zumo de naraja directamente del tetrabrick nos pensamos que ya tócabamos fondo y que eso ya era el no va más. ¡El capo parecía un ser humano! ¡Podía ser nuestro vecino! La serie molaba tanto que nuestro paradigma de mafioso se convirtió en algo mucho más terrenal de lo que había sido antaño...

Pero ahora va Roberto Saviano y se pone a cavar todavía más hondo en las miserias del crimen organizado. Sus mafiosos no sólo son todavía más cutres que los de cualquier peli o teleserie sino que encima intentan darse humos imitando a los personajes más horteras de Hollywood.

Citando a la policía científica de Nápoles: "¡Hoy, después de Tarantino, ya no saben disparar como Dios manda! Ya no disparan con el cañón recto. Lo tienen siempre inclinado, hacia abajo, con la pistola torcida, como en las películas, y esta costumbre provoca desastres. Hieren gravemente sin llegar a matar. Así, siempre se ven obligados a rematar a la víctima disparando en la nuca. Una barbarie del todo superflua a efectos de ejecución."

Y también dice que los peces gordos que antes se hacían llamar capofamiglia o compare, ahora se hacen llamar padrino, a ver si alguien les confunde con el Marlon Brando. Y los matones van por el mundo disfrazados como el tío ese de El cuervo, y las matonas van por los sitios disfrazadas de Uma Thurman en Kill Bill. Y quizá los pistoleros nunca se aprendieron los pasajes de la Bíblia que les recomendó el profesor de catequesis, pero se han aprendido lo del Ezequiel, 25, 17 porque sale en Pulp Fiction. Y hubo un tipo que se forró traficando con droga y contrató un arquitecto para hacerse una mansión y las únicas indicaciones que le dio fueron que mirase Scarface y le construyese el chalet exactamente igual que el del Al Pacino, con sus escaleras, su jacuzzi, sus columnas...

Los mafiosos de Saviano son unos horteras de cuidado, y además son unos pringados. Víctimas del sistema. Incluso los peces gordos. Su novela da a entender que cada vez que un gran jefe mafioso muere o es encarcelado, su puesto es ocupado enseguida por otro (ya sea del mismo clan o del clan rival), que su esperanza de vida en el cargo es breve pero que la maquinaria sigue porque no son pocas las empresas nacionales y multinacionales que se benefician de ello sin tener que emprender acciones ilegales, ya que la camorra les permite abaratar costes y tratar con ella sin ensuciarse las manos es relativamente fácil si sabes girar la vista hacia otro lado.
Por ejemplo, eliminar residuos que contengan materiales cancerígenos es muy caro si se hace bien, pero puedes subcontratar a otra empresa que a su vez subcontratará a otra empresa que a su vez subcontratará a cuatro immigrantes para que tiren tu mierda en cualquier cantera.
Los accionistas te darían una patada en el culo si dejases pasar una oportunidad así.
Y ahí debe estar la magia del neoliberalismo. Luego ya vendrá una mano invisible a limpiarlo.

Y ahora parece que la camorra quiere matar a Roberto Saviano. Yo he leído su libro y tampoco me parece que esté tan mal escrito como para matarlo, pero sí que es verdad que podría ser un poco más generoso con los puntos y aparte.

Y la peli, bueno, pilla cuatro anecdotas de las tropocientas que salen en la novela y las filma en plan cine social, a años luz de cualquier peli de mafiosos al uso.
Y la vemos y nos vuelven a entrar ganas de decir que ahora sí, que los mafiosos de verdad deben ser como Totò, Simone, Pitbull, Gaetano y Don Ciro.

Pobrecicos.

Nota: notable.

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