9.4.08

Viaggio in Italia

(Te querré siempre)

Los buenos actores siguen esos métodos Rastiplastis que dicen que hay que meterse dentro del personaje hasta el punto de autoconvencerse de que no están actuando sino que están vivendo y experimentando aquello que interpretan.
Vamos, que si tú eres un director de cine o teatro y quieres pillar cacho, puedes hacer que la guapa interprete el papel de la chica que se enamora y, si es una buena profesional, la estarás haciendo vivir unas emociones y unos calentones que la harán especialmente susceptible para el enamoramiento en la vida real.

En serio, el mismísimo Roberto Rossellini, que es un crack, llevaba tiempo enrollado con Ingrid Bergman y parecía que estaban perdiendo la magia y cayendo en la rutina, y el pillo va y hace Viaggio por Italia, una película (protagonizada por su señora) sobre el distanciamiento y posterior reconciliación de una pareja que está perdiendo la magia y cayendo en la rutina.

Y bueno, para qué engañarnos: el amor es muy bonito pero el desamor y las broncas de pareja son un coñazo, ergo si un director buena rueda una peli de amor le puede salir algo muy bonito pero si rueda una peli sobre el desamor y las broncas de pareja pues, por muy bien que lo haga, el resultado no dejará de ser un bonito coñazo.
Aunque la cosa gana puntos extra porque la churri, en lugar de tirarse a la bebida o al butanero como una persona normal y despechada, decide olvidar sus penas amorosas haciendo turismo y, desde la comodidad de la butaca del cine visitaremos museos y zonas volcánicas y montonazos de ruinas y vestigios del pasado que supongo que vienen a simbolizar los restos del naufragio en que parecen convertirse la mayoría de matrimonios. Snif.

Y bueno, si algún día pillamos por banda al traductor tonto que mete spoilers en los títulos, ya le daremos de collejas hasta que le salten los dientes.

Nota: notable.

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