20.11.07

Carretera perdida

Sueño que estoy jugando a ajedrez con David Lynch.

El tío va y mueve un caballo en diagonal. Digo "Eh! Que los caballos no se mueven así!" pero Lynch no dice nada, permanece todo serio, con el ceño fruncido, mirándome a los ojos. Si no me intimidase tanto, le tiraría el tablero a la cabeza.
Intento explicarle las normas del ajedrez una vez tras otra, pero él no dice nada y pone cara de estar usando técnicas de meditación trascendental para promover la paz en Oriente Próximo.
Sin embargo, de detrás de una cortina sale un señor muy misterioso y me dice que David Lynch es un genio y que los genios no siguen las normas.
David Lynch, quizá para ilustrar la frase del hombre misterioso, agarra una de mis torres, se la pone en la boca y empieza a masticarla. Crunch crunch crunch.
El señor misterioso dice "¡oh, sí, que jugada más perturbadora e inesperada!"
Durante unos segundos permanezco helado en mi silla. El señor misterioso empieza a carcajearse y a la que me doy cuenta David Lynch está corroborando su genialidad por el proceso de ir sustituyendo algunos de los peones negros por pistachos. Luego se saca de la manga un as de corazones, una sota de bastos y una ficha de parchís, los lanza hacia mí y dice "jaque".
Yo me enervo y le digo "jaque de qué, cabrón, si no juegas bien no es divertido!" y me gustaría explicarle que algunas normas no están para romperlas sinó para seguirlas, tanto en los juegos como en el arte, que si la gente sensata pone introducción, nudo y desenlace en las películas, no es por imposición sino porque así es como las narraciones funcionan... pero intuyo que no me está escuchando porqué se ha bajado los pantalones y se ha introducido la reina blanca en el orificio rectal.
El señor misterioso se inclina y me susurra al oído que para disfrutar de la partida lo que tengo que hacer es aparcar mi mente racional y olvidarme de los prejuicios de la narrativa convencional.
No sé cual de los dos está más loco, el cineasta-gurú o el que le ríe las gracias, y, temiendo por mi integridad física, intento ganarme su simpatía alabando El hombre elefante y Una historia verdadera, que al menos parecían estar realizadas por y para seres humanos (y que yo incluso me reí con Eraserhead porqué me pensé que había que tomársela a cachondeo)... pero que lo último que necesitaba el mundo eran malos rollos innecesarios y que, si por favor me mostraban la salida yo es que ya me iba.
Lynch se saca los zapatos y empieza a cortarse las uñas de los pies sobre el tablero (son unas uñas grandes y negras como mejillones y apestan a surströmming).
El señor misterioso dice que quedaré como un tonto si me voy antes de que haya terminado la partida, que me relaje y no intente entender nada, que me deje llevar por las sensaciones como si estuviese viendo un cuadro del Tapias o un pisapapeles del Chillida, pero las sensaciones no me resultan agradables. Quiero irme a casa.
Creo que estoy oyendo el despertador y, en un estado de duermevela, me envalentono y le digo al Lince que cuando un escritor o cineasta plantea un misterio es de buena educación resolverlo, no irlo enmarrullando progresivamente y luego dejar la trama hecha un lío.
Lynch, el genio, vuelve a mover el caballo en diagonal y dice "jaque mate".

Y entonces me despierto de mal humor, ya estoy hasta las narices de tanta chorrada onírica, profunda y perturbadora, a ver si mañana tengo más suerte y sueño que juego al teto con Sofía Coppola.

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