12.7.08

Sexo en Nueva York, la película

Ostras, se ha corrido el rumor de que el cambio eurodolárico es favorable y se ha llenado la gran manzana de españolicos que van de compras y se maravillan porque los edificios son muy altos. Antes decían que Nueva York era un crisol de culturas, ahora parece Benidorm pero sin playa. Y estaba yo por Manhattan de shopin con mi señora cuando vi un cartel en varios idiomas que anunciaba rutas turísticas de sexo en Nueva York. Menuda tentación. Nos gastamos nuestros últimos ahorros y nos llevamos una desilusión tremenda: en realidad era un ruta turística que recorría las casa y las tiendas de zapatos que salen en una serie de la tele.

Volvimos a Barcelona y vimos más carteles: resulta que la teleserie no sólo había inspirado una ruta turística sino también una película de cine sobre las fabulosas aventuras de las cuatro treintañeras cachondas.

Venga, va, vamos a verla, así nos acordaremos del viaje... Pero estábamos haciendo cola en la taquilla y vimos salir a la gente que había estado viendo la peli en la sesión anterior. Casi todo eran chicas, y guapas, y pijas, y muy arregladitas, seguro que el cine iba a oler bien... Pero mi señora se fijó en que también había algún chico, pero que todos y cada uno de ellos parecían perder aceite. Mi teoría es que ya eran gays al entrar, pero a mi señora le dio yuyu que pudiese tratarse de un efecto secundario de ver 150 minutazos de frivolidad desenfadada, y me pidió que me quedase en el bar de la esquina bebiendo cerveza, que mi virilidad es algo demasiado valioso como para arriesgarse a perderlo viendo según qué espectáculos. "Anda, déjame entrar, que me da hasta curiosidad y morbazo", "No, no, por favor, luego ya te la cuento".

Y así lo hicimos. Y bueno, según me dijo se trata de un peliculón épico de mucho llorar, con escenas de 20 minutos sobre chicas que escogen qué traje se pondrán para ir a una boda, y cosas así. Hay un momento de mucho suspense en el que la pija protagonista ha quedado con su maromo pero es fin de año y no encuentra ningún taxi, pero ella está tan enamorada que es capaz de meterse en el metro, con el lumpen del proletariado. Y también hay otro momento de mucha risa en el que una pija pilla diarrea y se caga encima, sin haber tenido tiempo de quitarse las braguitas de marca. Y muchas muchas muchas escenas de shopping y estereotipos sexistas. Pero al final... ¿se casarán Carrie y Mr.Big? Sólo hay tres maneras de saberlo: a) viendo la película, b) dejando que te la cuenten, o c) adivinándolo.

Nota: excelente, dos horas y media dan para tomarse tres o cuatro voldams y leerse toda la prensa deportiva.

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