14.6.05

Génesis

Aunque suene blandengue no deja de ser cierto de que a veces hay belleza en las cosas pequeñas, y también es cierto que muchas cosas bellas nos pasarían desapercibidas sinó fuese por estos cineastas raros que se arman de paciencia y filman primerísimos planos de burbujas, cristales, gotas de agua, chorretones de lava, aros de humo... pero sobretodo bichos, muchos bichos: cangrejos, renacuajos, periquitos, arañas, camaleones, cucarachas, pollitos, medusas...
Algunas imágenes de esta peli están rodadas en oasis de naturaleza alejados de la industrialización, pero otras podrían ser cotidianas y no por eso dejan de sorprender:
Usted mismo puede echar una gotita de leche en un vasito de agua y ver aparecer los remolinicos blancos, pero si lo ve ampliado en una pantalla de varios metros le aseguro que la cosa impresiona bastante más.

Y no son pocos los críticos listillos que califican estas pelis de poesía y abstracción... Pero no tienen ni puta idea, vamos a ver: Un primer plano de un ojo de un sapo no es poesía, y los resplandores y difracciones de un salto de agua no es abstracción, sino todo lo contrario: es la jodida realidad tal cual, filmada con cariño y proyectada con música; y sin embargo el resultado parece ser mucho más bello que los resultados de los intentos humanos de crear belleza artificial en forma de poemas, cuadros, ficciones y chorradas oxidadas.
No sé, si les parece que me pongo demasiado cursi lean este tocho (de la sección de prosas de Listo.tk), que dice lo mismo pero adornado con tetas y culos.

El caso es que estos franceses ya nos dejaron con la boca abierta hace unos años con Microcosmos, que era un peli sobre hormiguitas y cucarachas sin ninguna voz humana que distrajese: sólo bichos y música clásica.
Su regreso es quizá un poco más comercial, pues sale un cocinero zulú monologando para introducir cada escena, pero el buen hombre no da demasiado la vara, no se pone demasiado místico ni demasiado didáctico y lo que dice incluso tiene su gracia.
Se nota que, a diferencia de la mayoría de documentalistas, Claude Nuridsany y Marie Pérennou no sufren obsesión por educar al espectador ni por salvar el planeta: sólo quieren proporcionarnos placer visual. Y vaya si lo consiguen.

Nota: excelente.

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