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16.9.07

Armas de mujer

Los jóvenes de hoy en día los veo yo muy aburridos. Los hay que incluso se divierten viendo películas malas adrede... Cualquier bodrio les hace reir y les ayuda a creerse inteligentes. "Hay pelis que de tan malas son buenas", dicen. Pero la cosa no es tan fácil como parece, digo yo que hay pelis que de tan malas se quedan en malas, o algunas que son tan tan tan malas que dan vueltas de 360º al malómetro y vuelven a ser malas a secas.

Yo me enfrenté a Armas de mujer con la idea de reirme de los iconos de los 80, porque el que me dejó el DVD me inspiraba confianza, e intenté buscarle virtudes de comedia involuntaria pero lo único divertido que encontré fueron los peinados de las señoras (voluminosos, con mucha laca).
Ver a una juvenil Melanie Griffith haciendo el ganso me dejó indiferente, pero ver a la Teniente Ripley coprotagonizando semejante mierda me rompió el corazón.

Me esperaba al menos unos cuantos topicazos sexistas y gags sobre señoritas artimañosas luchando contra el establishment falócrata, pero ni eso. En realidad son dos señoritas artimañosas, una rubia y una morena, que luchan entre ellas para ascender en la empresa y para liarse con Harrison Ford... Y gana la rubia, quién lo iba a decir, y se pega un buen morreo con el pobre Indiana Jones, pero el auténtico clímax final es cuando los peces gordos de la empresa se dan cuenta de su valía y la ascienden y le dan una oficina nueva con una mesa molona y una ventana desde la que se ven otras ventanas de otras oficinas. Y suena la oscarizada música y casi dan ganas de trabajar.

Nota: un cate bajo.

1.9.06

Alien

La hóstia.

No es que cuente una historia muy interesante ni me parece a mí que tenga moraleja ni segundas lecturas. Se trata trata solamente del viejo cuento sobre un monstruo que se come a la gente...

¡Pero qué pedazo de monstruo! ¡Un prodigio de la xenobiología que nace de un nenúfar baboso, pasa por diversas fases larvales y evoluciona del parasitismo a la depredación, deleitándonos con unas metamorfosis que ya querría para sí Franz Kafka: a) de cangrejo saltarín a parásito intestinal, b) de parásito intestinal a cucaracha atómica y c) de cucaracha atómica a gigante sin ojos pero con doble mandíbula quebrantahuesos, escupiendo babas, sangrando ácidos y persiguiendo una Sigourney Weaver en braguitas por el espacio exterior!
Encima hay los guiños a los lectores de Joseph Conrad y los malsanos diseños del suizo Hans Rudi Giger que, pese a que fueron retocados y rediseñados mil y una veces hasta despojarlos de cualquier carga sexual, siguen fascinando con esa fascinación oscura que nos producen algunas cosas que en realidad son más feas que pegar a un padre.

Hay tantas películas que la gente califica de "inolvidables" que es difícil acordarse de todas, pero esta vez va en serio: Alien nació en 1979 de la mano de Ridley Scott y desde entonces tiene un lugar de honor en todos nuestros corazoncitos, aunque sólo sea un monstruo de esos que se comen a la gente.

Nota: matrícula de honor.
(aunque luego vino una saga de aupa: Aliens, Alien al Cubo, Alien Resurrection y AVP)

29.8.06

Alien Resurrection

A pesar de los pesares, la saga Alien era rentable, y supongo que algún pez gordo pidió otra secuela.
Le dijeron que no era posible, que no sólo la secuela anterior ya era una mierda sino que encima terminaba con la muerte de la protagonista, y él supongo que dijo "me suda la polla que esté muerta: si hace falta decís que toda la película anterior era un sueño que Ripley tuvo mientras hivernaba, o que resulta que la que se murió no era Ripley sino su hermana gemela o algo así..."
Probablemente algún enterao objetó que ningún director con un mínimo de sentido común querría hacerse cargo de semejante chapuza, pero el jefe dijo que si hacía falta, lo irían a buscar a Europa, un continente maravilloso lleno de cineastas con talento que se mueren de ganas de cruzar el charco por un puñado de dólares.

Y así es como llegó a Hollywood el francés Jean-Pierre Jeunet (cuando todavía no era ñoño y no había rodado Amélie va a la Guerra) y les demostró a esos imperialistas zampabollos de que somos capaces los nativos del viejo continente.
¿Que Ripley y el monstruo están muertos? Da igual, los clonamos. ¿Que dicen los empollones que es imposible que los clones conserven la memoria y el carácter de sus hermanos? Da igual, decimos que los monstruos estos son tan monstruosos que conservan los recuerdos metidos en los genes. ¿Que todo el asunto apesta a refrito innecesario? Da igual, incluso vamos a mezclar los genes de la chica con los del monstruo y ambos adquirirán superpoderes y lo vais a flipar.

Y, contra todos los pronósticos, el producto resultó ser más que correcto.
Algo realmente resucitó: el montruo volvió más siniestro, más espabilao y más baboso que nunca, y la Teniente Ripley recuperó el morbo que había perdido en anteriores entregas haciendo de niñera o afeitándose el coco.

Y así es como una saga que empezó siendo de ciencia ficción de terror y suspense, evolucionó hacia la acción pura y dura, navegó hacia el despropósito de arte y ensayo, y culmina triunfalmente en forma de comedia paródica en la que los malos comen limones, las chicas guapas son androides, y los monstruos y los humanos tienen sentimientos ambivalentes entre ellos.
(Y digo que la saga culmina porque lo de Alien Vs Predator no tiene nombre y además tampoco sale ni la Winona Ryder ni la Sigourney Weaver).

Nota: excelente, en serio.
(en realidad hay mucha gente que afirma que ésta es todavía peor que la tercera, pero el espectador sin prejuicios disfrutará asqueándose y fascinándose como en la primera entrega, y además puede partirse de risa en varias escenas y, si se fija un poco, también encontrará más mensajes y segundas lecturas que en toda la trilogía original).