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2.10.07

Nadie conoce a nadie

Al principio parece que vaya a ser una peli seria, pero a la que te despistas al prota ya le han hecho esnifar cloroformo y se despierta en el sótano del pabellón del Vaticano de la Exposición Universal de Sevilla '92 y se pone a jugar a rol con a) un psicópata, b) un experto en explosivos, c) un experto en drogas, d) un segurata de discoteca, e) una tía buena y f) un nerd de la informática especializado en hablar imitando la voz de Stephen Hawkin... Y todo el mundo sabe que en los años noventa jugar al rol y matar gente por la calle eran dos caras de la misma moneda.
Sorprende satisfactoriamente ver que Eduardo Noriega, Jordi Mollà, Natalia Verbeke y Paz Vega, a parte de ser físicamente atractivos, son también una pandilla de actorazos como la copa de un pino, ya que consiguen aguantarse la risa durante toda la peli y no parece una tarea fácil.
Hay un tiroteo con punteros láser de lo más desconcertante, y una escena en la que el bueno y el malo suben a una atracción de feria de la Expo y se ponen a charlar, como en El tercer hombre pero a lo tonto.
Lo que sí que tiene mucho pecado hacer una peli de suspense ambientada en la Semana Santa Sevillana y que resulte mucho menos angustiante que la Semana Santa Sevillana tal cual. Digo yo que, partiendo de una tradición tan siniestra hay que ser cafre para que salga algo tan tontorrón como esta peli. Hasta un documental con entrevistas a las cofradías hubiese dado más yuyu. Y anda que no es fácil ni nada asustar a los guiris enseñandoles fotos de las procesiones ("what the fuck is this?", "can't you see it? the Spanish KKK!")

Nota: un cate.

23.7.07

Soldados de Salamina

Ramón Fontseré no es un actor, es un monstruo, un camaleón: Boadella le dice que haga de Dalí y se convierte en Dalí, Boadella le dice que haga de Pujol y se convierte en Pujol, Boadella le dicen que haga de Franco y se convierte en Franco...
Y si Trueba le dice que haga de falangista soso, pues va y se convierte en un falangista soso.

Y Ariadna Gil es muy guapa y siempre es un placer verla, aunque todo el rato ponga más o menos la misma cara.

Pero la peli no termina de arrancar, ni siquiera cuando hay escenas de morbo lésbico (softcore) o en el emotivo final con su moraleja de que vale la pena recuperar la memoria histórica (reabrir viejas heridas, que dirían los fachas).
Tiene el ritmo perezoso de Amélie investigando en busca de su novio en el Laaargo domingo de noviazgo, pero sin efectos especiales. Y la obsesión que en la peli de Jeunet está justificada por un amor incorruptible, aquí sucede sin más motivación que el aburrimiento y los desbarajustes hormonales de la protagonista (que, del libro a la peli, le ha caído el pito y le han salido tetas, y en lugar de afeitarse la barba ahora se afeita las piernas).

Y hay un momento en que la prota se pone histérica porque es una escritora mediocre y no quiere que comparen sus artículillos con las obras maestras de la literatura universal, y yo leo entre líneas que que tampoco vamos a pedirle a la novela de Javier Cercas que sea como Por quién redoblan las campanas de Ernest Hemingway, que no hay que pedirle peras al olmo.

Sin embargo, lo que sí podemos pedirle al cine bélico español Soldados de Salamina nos lo concede: que no salga ningún niño orejudo mirando el panorama con la boca entreabierta y los dientes separados.

Nota: un sufi bajo.