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20.2.08

30 días de oscuridad

(vista por Questionaire)

Es lo que tiene ser free-lance, que igual no paras en todo el día como te sobran un par o tres de horas entre trabajo y trabajo. Así que me armo de valor y voy a ver una de sang i fetge de esas que mi santa esposa no visionaría ni por todo el oro del mundo. A las 4 de la tarde de un martes, el multisalas está copado por una quincena justa de jubilados que se lanzan desbocados sobre unas revistas gratuitas de cine. Para mi que son los efectos secundarios de los medicamentos contra el colesterol, que les hacen actuar así. Entro en la sala y continuo viendo jubilados que prefieren esta peli de vampiros a Juno o No es país para viejos. Claro, con ese título se han puesto a la tercera y provecta edad en contra... Empieza la proyección. Huy, no, trailers. Ahora sí. Va de un pueblucho de Alaska en el que, durante un mes, reina la oscuridad total y la gente, en vez de dedicarse al fornicio y a ver todas las temporadas de 24 o Perdidos en DVD, se empeñan en combatir el mal, encarnado en unos vampiros que asolan la villa.

Diversas consideraciones; a saber:

1.- Josh Harnett, el prota, cada día se parece más a Tommy Lee Jones.
2.- Danny Huston, el jefe vampiro, se parece un montón a Neil Tennant, el cantante de Pet Shop Boys.
3.- Melissa George, la chica, se parece a la rubia de la mítica serie Un hombre en casa.
4.- Estoy demasiado mayor para aguantar hachazos a mansalva y sangre demasiado fácil.

Nota: una mierda pinchada en un palo, estilo Arale.

-por Questionaire

23.11.06

La dalia negra

(vista por Doc Moriarty)

Es de sobras conocido que Ben Affleck tiene del don de destruir todo lo que toca. Lo que desconocía es que Ben Affleck disfrazado de rubio sigue manteniendo ese poder.
La Dalia Negra tenía todas la de ganar: un director de prestigio como Brian DePalma, una historia real de intriga criminal interesante y un presupuesto holgado. ¿Qué podía salir mal?
Cuando Ben Affleck decidió usar el pseudónimo de Aaron Eckhart para participar como el policía rubio de la película todo se fue al garete.
Primer error. Alguien decidió que Josh Harnett tiene la planta de un tipo duro de Hollywood. Que se parezca a Tommy Lee Jones y Charles Bronson de jóvenes no significa que tenga ni el talento de primero ni el carácter del segundo. El olfato no se le niega, aunque por esa mirada cerrada diría que huele a culo todo el día.
Segundo error. Scarlett Johanson debería salir en pelis gonzo. Y ya está. Solo queremos verle el palmito. Recitar lineas de diálogo está de más.
Tercer error. DePalma filma como esos futbolistas que sólo aparecen en tres jugadas durante todo el partido. Te da escenas para el trailer o el resumen del match, pero el resto del encuentro es de un soporífero que provoca el bostezo.
Cuarto error. Si la historia no atrapa, introducir muchas subtramas la convierte en un laberinto aburrido. No entendí prácticamente nada. Y lo que es peor: me daba igual. Los personajes vienen y van, representa que están muy consternados por sucesos muy profundos, y tienen motivaciones que vienen de lejos. Lo que pasa es que vienen de tan lejos que cuando llegan a un servidor ya se la sudan, y solo espera que le expliquen algo. La Dalia Negra es un film errático.
Quinto error. El montaje, cuanto más confuso, menos ayuda a subsanar el cuarto error.
Sexto error. La explicación final. Debería aclarar toda la película, ser como una revelación. Debería iluminarnos todos los fotogramas precedentes. O al menos despertarnos. Señor DePalma: no la explicación final es más confusa que los enigmas planteados.
Séptimo error. ¿Por qué tanto nombre raro? ¿Y por qué tan parecidos? ¿Por qué tanto personaje? ¿Por qué tan largo el film?
Octavo error. No basta con escoger las influencias. No basta con inspirarte en Chinatown. La ambientación es soberbia, sí, y en cualquier momento puede salirte de una puerta Jack Nicholson sin nariz. Pero eso es tan bueno como todos los imitadores de Tarantino que han brotado la última década.
Noveno error. Ben Affleck, no te escondas. ¡Deseé que tu personaje muriera! ¡Yo te maldigo!

Atentamente suyo,
Doctor Moriarty